lunes, 18 de julio de 2016

Progresa adecuadamente

Fernando Clavijo ha hecho balance de la gestión de su gobierno en este primer año de mandato. Ha optado por ser comedido –lo que se le agradece– y no se ha dejado llevar por aquellas excelencias a las que nos tenía acostumbrados su predecesor en el cargo. Recuerden que cuando Paulino se asomaba a la ventana que le abriera cualquier medio de comunicación nos deleitaba con el número de parados que iba a eliminar de la lista. Jamás consiguió acertar en sus previsiones, pero ello no fue motivo para que el hombre de El Sauzal se bajara del burro. Por cierto, hace tiempo que no sé nada de él. Debe estar cuidando la viña de la finquita. Menos mal que tampoco cumplió la amenaza del volver al magisterio para suerte de sus potenciales alumnos. Seguro que Concepción le reserva un palco en el Heliodoro.
El presidente entregó amplio dosier a la prensa y se limitó a explicar lo consabido. Vamos bien, pero aún nos falta por mejorar. Realizamos ímprobos esfuerzos para que la economía canaria vaya siempre por delante de la del resto de España (una hora antes, a ser posible) y enfocaremos nuestra gestión hacia la construcción y el sector servicios. Los turistas nos visitan en tal cantidad que necesitamos varios centenares de hoteles más y la ampliación de los aeropuertos en al menos media docena de pistas. No estamos satisfechos, no obstante, hasta que el incremento de visitantes no se traduzca en un significativo descenso de los desempleados…
Algo exageré en el párrafo anterior, pero siempre los tiros van por ahí. Hasta en los papeles que nos lee Rajoy en sus comparecencias de plasma. Clavijo se baremó con un progresa adecuadamente. Dada mi larga trayectoria en el mundo de los jubilados, ni siquiera sé si esta denominación sigue aún vigente. Eso sí, para demostrar vigor y fortaleza no dudó en manifestar que no le temblará el pulso si debe acometer cambios en su gobierno. ¿Arrumacos con Antona? ¿Cómo se te quedó el cuerpo, Patricia?
Para disimular el posible apoyo de Ana Oramas para la investidura de Mariano, Australia Navarro, desde la tumbona que ocupa en el sector de La Puntilla, ha rebajado notablemente la calificación hasta un suspenso de 3,5 como mucho. Luego, por un privado, remitió a Fernando un indisimulado abrazo y el deseo de un nuevo pacto que saque a esta tierra del ostracismo con una bajada de impuestos similar a la que Madrid ha venido llevando a cabo en estos últimos casi cinco años. Y ese mirlo blanco que estará al frente del camino de la recuperación y que emprenderá la senda del estado del bienestar no solo tiene nombre y apellidos sino que vive en El Realejo.
Falta que atraer a ese portento de trabajador nato –así está llenito de canas– que es el médico de La Aldea. Que a pesar de haber ejercido nada más que de político, diagnostica como nadie la situación y disecciona con su bisturí dialéctico el panorama isleño para concluir con un no progresa tan rotundo como mayúsculo. Muy bien por Román. Déjate caer con un cortadito en el Mencey.
El resto de fuerzas parlamentarias está a la espera ante la duda de si abstenerse o subirse al carro. Cuando el siroco hace acto de presencia, el cuerpo se nos pone bobo y nos cuesta arrancar. Puede ser una consecuencia directa de la evidente falta de actividad en la cámara regional. Esto no hubiese pasado con el dinámico de Antonio Castro. Si Teobaldo levantara la cabeza.
Me alegro de que hayan superado el curso. Proceden unas buenas vacaciones y unos baños en Bajamar. En septiembre, con la apertura de otro período de sesiones, Elfidio traerá a Los Sabadeños –que por ese mes ya cumplirán ochenta años de andadura– para presentar un adelanto de su última grabación –San Borondón– y sentar las bases definitivas –americanas o no, ya se verá– de la plataforma logística en que nos convertiremos por nuestra situación geoestratégica privilegiada en medio del Atlántico, con arreglos musicales de Benito, y al compás de yo vivo en un archipiélago. Ños, si a mí me dejaran…
Alegrémonos. Progresamos adecuadamente. Que persistan los follones en los competidores turísticos cercanos. Hasta que nos toque, distendámonos.