miércoles, 6 de julio de 2016

Sí podemos

Sí podemos alzar la voz de manera contundente ante tanta desfachatez. Porque si te preocupas mínimamente y decides estar informado de aquellos aspectos que constituyen los contenidos más normales del diario acontecer, brincas como un saltaperico (¿te acuerdas?) cada vez que escuchas declaraciones de (in)determinados personajes públicos. Nos toman por el pito del sereno. O por la flauta de Bartolo.
Suelen proceder tales dislates de los que dicen representarnos. O mejor, de aquellos que las formaciones políticas incluyeron en unas candidaturas cerradas para que tú acudieras a la urna en el convencimiento de que ejercías un derecho ciudadano que te iba a ser respetado en el posparto. De las componendas posteriores, ¿qué contarte que ya no sepas?
Es tanto el espíritu de trabajo y la ilusión de servir a la sociedad que este pasado lunes, primera de las jornadas habilitadas para la acreditación de sus señorías, solo acudieron a la Carrera de San Jerónimo tres de los trescientos cincuenta. Ni el 1%. Como el lepero que se fue a Madrid, aconsejado por un paisano, en busca de fortuna porque el dinero era tan abundante que te lo encontrabas tirado por la calle. Y, efectivamente, cuando llegó a la capital vislumbró un billete de mil pesetas en la acera. Ni se agachó. Mañana empiezo, dijo a voz en grito.
Yo no las entiendo como pequeñas acciones. Son los detalles que marcan trayectorias y que constituyen –o deben– lo que yo siempre he calificado de ejemplaridad. Como el sueldo está asegurado y el contrato no va a sufrir modificación alguna, ocurren estos hechos el mismo día en que se da a conocer que varias decenas de miles de compatriotas han obtenido el reintegro de un empleo tan volátil como efímero. Y a los que no se dio opción de que acudieran al curro en el transcurso de unas semanas, sin apurarse.
Estoy harto de escribir –lo malo es que ningún destinatario me lee sino que voy escapando con los incondicionales– que todo aquel que se coloca ante un micrófono debería ser capaz –a lo peor estoy demandando un imposible– de pensar que al otro lado existe alguien mínimamente capacitado para razonar y cuestionar. Sí, lo de que al menos puedo ser tan ignorante como tú.
En estos días mucho se ha hablado y escrito del déficit de la Seguridad Social. De cómo la hucha se ha vaciado y ya se escucha la calderilla en el fondo. Pues ayer leí que desde el ministerio se quita hierro al asunto alegando que es una circunstancia meramente coyuntural y que las pensiones están aseguradas. Como uno ha sido testigo del reiterado incumplimiento de las promesas –hecho que premia al infractor con un notable incremento de votos– comienza a bailar con una pata sola –qué otra cosa puedo hacer en la situación personal actual– hasta que la mujer grita el consabido ‘te vas a caer otra vez’. Y me despierto, claro.
Lo que no me cuadra, no me cuadra. Debo ser muy cuadrado. Tras la no disimulada desilusión electoral de Podemos y después de echar mano de las disculpas más peregrinas, vienen a reconocer sus dirigentes que han descuidado los círculos y que deben multiplicar los relevos y los cuadros internos. Con otras palabras, eso lo escuché cuando era militante del PSOE allá por los años ochenta. ¿Y? Más de lo mismo.
Como se esperaba tanto y solo se alcanzó cuanto, hay que estrujarse los sesos en busca de aclaraciones para que vuelvan al redil aquellos que se encandilaron con los cánticos en la Puerta del Sol. De ahí, o por ahí, deduzco proceden los tiros de los olvidados círculos. Y es que la amalgama ha sido algo exagerada. La suma de tantas confluencias, plataformas y compromisos ha originado un mucho de caos circulatorio. Por lo que el gallinero, con tanto quíquere, se revoluciona. Y cada vez que tropiezan, las pitas se escuchan en los altos de Agando.
Han derivado hacia el conservadurismo partidario más rancio. Tanto que no hallan aquí en Canarias a quienes comparezcan ante la comisión de la reforma electoral. Y anuncian que proponen a los mismísimos Iglesias y Errejón para que sean ellos los que hagan acto de presencia. Hecho que me ha dejado en notorio fuera de juego. Y me da la impresión de que los otrora Sí se puede, tan reivindicativos, tan sindicalistas, tan modelos a retratar y admirar en una sociedad tan escasa de espejos, tampoco se encuentran demasiado satisfechos ante estos excesos de protagonismo. Se me antoja que hasta caminan de manera diferente, más farruquitos, más echaditos al frente (popular).
Lo dicho. Escrito queda. Sí podemos.
Hasta mañana.