jueves, 11 de agosto de 2016

Correr detrás de los aviones

¿Tú eres bobo o corres detrás de los aviones? ¿Tú eres bobo o pellizcas los cristales? Y muchas más sentencias que se decían antes. Ahora basta con ir a Internet donde todo ya está apuntado. Y si no encuentras al amigo que te inunda a mensajes desde hora bien temprana. No tengo móvil y también los recibo.
Hace unas cuantas décadas me ocurrió en La Palma un hecho singular. Teníamos programado un viaje a El Hierro (sí, no te extrañes) y suspendieron el vuelo, por lo que nos pusimos en lista de espera para volver a Tenerife. Al poco tiempo nos avisan para que arrancáramos a toda prisa porque había plazas en el avión (¿te acuerdas de los Fokker?) que salía ya. Y tuvimos que andar ligeritos por terminal y aparcamiento pues ya tenía los motores en marcha. En la década de los setenta, lo que hoy conocemos como medidas de seguridad brillaban por su ausencia. Éramos en aquel entonces buenas personas.
Y para que veas que nada me invento, ahí está la foto. Faltan en la instantánea mi mujer, Próspero y yo. El escaneo no dio para más. Pongo la fecha: 18 de agosto de 1974. Manía de apuntarlo casi todo. Para cuando publique mis memorias. Mi madre se había quedado con mi hija que aún no tenía ocho meses. Abusadores.
Me acordé de este pasaje cuando leí lo que le ocurrió a un pasajero de Ryanair, con destino a Las Palmas, en el Aeropuerto de Barajas, o Adolfo Suárez. Nuestro protagonista fue capaz de saltarse a la torera cualquier medida de seguridad y ni corto ni perezoso se las ingenió para salir corriendo por la pista, sin dejar atrás su equipaje de mano, porque pensó que se le escapaba el avión. Se equivocó el hombre de puerta de embarque y se coló por otro ‘finger’ (tubo extensible que conecta las instalaciones aeroportuarias con las puertas de la nave). Al final, tras hacerle ver el tremendo error cometido, tuvo tiempo de subirse al suyo y volar al destino. Donde, según cuentan las crónicas, fue interrogado por la Guardia Civil y se le impondrá una multa por vulnerar la ley de seguridad aérea. Hay un vídeo circulando (¿o navegando?) por la Red (nadie desaprovecha la oportunidad para hacerse famoso, ¿o viral?) en el que se puede visionar la secuencia.
El hombre ya había pasado los controles pertinentes. Se supone, obviamente, que no iba a cometer una tontería. Se apuró y salió disparado. Como cuando te da un retortijón de tripas y no tienes más remedio que evacuar. ¿Y si no hay un baño en las inmediaciones? Pues vamos a ponernos en lugar del desesperado.
¿Por qué sancionarlo? ¿No habría que hacerlo con aquellos que deben velar para que hechos como el narrado no se produzcan? ¿Qué tipo de amenaza supone un pasajero que ya ha pasado por el arco de seguridad y sus bolsas por el escáner correspondiente? Si fue capaz de seguir adelante en el intento de no quedarse en tierra, habría que darle un premio en vez de un castigo.
Cuando se cuestiona la seguridad de una instalación de estas características, no busquemos culpables en quienes hacen posible que en futuras ocasiones la vigilancia se incremente. Acciones como la presente son las que posibilitan que el celo no se relaje. Habría que contratarlo y no señalarlo como un vulgar delincuente. Y si la ley falla, al trullo con diputados y senadores. Póngase en una balanza el grado de inutilidad del uno y de los otros y quizás nos llevemos una sorpresa.
Lo que menos me gustó de la información de los digitales ojeados fue estos dos pasajes:
…se dispararon las alarmas y se dió parte a la Guardia Civil…
Al pasajero le dió tiempo de pedir ayuda al conductor de una carretilla de equipajes…
Aclaro que el subrayado es mío. De la acentuación de monosílabos hay mejores entendidos que este pobre infeliz. Y ya lo que di, di. Ahora estoy jubilado. Afortunadamente.
Mira tú qué ocurrencias las mías, cuando hoy tenía varios temas que tratar. Por ejemplo, la progresía de Rajoy al recibir a Rivera sin corbata, del compás de espera hasta el 17 para que la Ejecutiva Nacional del PP se defina acerca de las propuestas ‘ciudadanas’ (y echar en el olvido aquello de donde dije digo…), del preocupante descenso en la calidad del semen (tanto humano como el de los perros), de la instalación de la ÑBA en el drama del retorno, del acto de responsabilidad con el que ha calificado Felipe González la jugada de Albert(o)… Lo mío no tiene remedio.
Y otra semana que va con la proa al marisco. Se me acaban las vacaciones y sin curárseme la pata. Qué mala ídem.