lunes, 22 de agosto de 2016

Una docena de consejos

Como hoy hacemos la entrada número 1898, estuve echando una visual a papeles viejos. Hice un repaso por los acontecimientos de aquel año en que perdimos Cuba y Filipinas y del nacimiento de una generación (la del 98) de escritores que brillaron con luz propia. Y en ese contexto histórico me acordé de un buen tocho (Prensa y educación en el Norte de Tenerife entre la I y la II Repúblicas) que no ha visto la luz porque ya estoy viejo para ir a llorar a las instituciones a ver si ponen los euros. Los buenos amigos de Tipografía García siguen a la espera por si la Primitiva nos da algún día una sorpresa. Y bien lo sabe Pepe Herrera porque lo mismo nos alcanza para nuestra incursión en el mundo de las décimas.
Así que agarré un fragmento de uno de los tantos capítulos del trabajo y helo aquí. El periódico majorero aludido es de hace más de un siglo. Los procesos siempre son cíclicos. Ahora mismo hemos retornado a la conveniencia e importancia de la leche materna. Bueno, sin más vamos allá:

La Aurora[1] recoge en ‘Cartilla para las madres’ los consejos de un doctor bajo el epígrafe de es deber sagrado de toda buena madre amamantar á su hijo. Creo interesante el reproducirlo al menos por dos razones. Una, porque la diferencia con época recientes es escasa. Dos, porque las condiciones sociales de la mayoría de la población quedaba muy lejos de las recomendaciones efectuadas. Los que vivimos tiempos del “cajón de madera”, a modo de “parque infantil”, atisba los consejos médicos muy alejados de la realidad. Ni siquiera, se me antoja, que la posibilidad del envoltorio, último eslabón de la cadena de utilización del papel de periódico, podría valer dada la escasa alfabetización. Ésta era la docena de consejos:
1. Haz lo posible por criar a tu hijo. Mas si tu leche fuera escasa o de mala calidad, recurre en el primer caso a la lactancia mixta (pecho, biberón), y en segundo a una buena nodriza. Tan solo cuando te sea absolutamente imposible una u otra forma, entonces emplea la lactancia artificial (biberón), pero bien reglamentada.
2. Sea cual fuera el procedimiento que adoptes, no darás al niño el pecho o el biberón sino cada dos horas los tres primeros meses, y luego de tres en tres horas durante el día, y una  o dos veces, a lo sumo, por la noche; así podréis los dos descansar mejor. Procura siempre que no quede harto, porque el niño que toma más leche, que la que a sus edad corresponde, está muy expuesto a enfermarse. Después que mame no lo acuestes nunca boca arriba, sino de lado, prefiriendo el derecho.
3. Ten siempre muy limpio su cuerpo, sin olvidarte de la nariz por dentro para que pueda respirar bien[2].
4. Sácalo de paseo; si puedes, diariamente, eligiendo las horas de sol en invierno; jamás de noche, ni aún en verano.
5. Vacúnalo tan pronto cumpla tres meses. Hazlo antes si se presentase epidemia de viruela.
6. Pésalo cada ocho o quince días, pues nada te dirá como la balanza pesa niños el verdadero estado de nutrición de tu hijo.
7. En cuanto surja la menor descomposición de vientre, avisa enseguida al médico, pues la diarrea en el niño es tan temible como la tuberculosis en el adulto.
8. Es indispensable que hasta los tres años lleve el vientre cubierto (también en verano) con una faja de franela fina ligeramente atada.
9. La dentición es un acontecimiento natural casi siempre, que en los niños bien criados rarísima vez produce trastorno grave en su salud.
10. El alimento del niño durante los diez primeros meses debe ser exclusivamente la leche. Después emplearás las sopas (hechas con agua y sal o con leche) y los huevos. Más adelante las sopas con caldos, los huevos y pescados blancos; huye de darle sustancias que contengan grasa antes de los quince meses; no le des carne hasta que cumpla los tres años. El vino le es perjudicial.
11. Procura que tu hijo, hasta la edad de cuatro años, duerma bastante: doce o catorce horas, por lo menos; su excitable sistema nervioso así lo requiere. Pero no le acuestes nunca con otra persona, ni aún contigo misma, pues el niño debe dormir siempre solo en su cuna.
12. En resumen: cuida de que no coma ni beba nunca con exceso, ni tampoco entre sus comidas regulares; así le evitarás los trastornos gastro-intestinales (indigestión o diarreas), que son la principal causa de la enorme mortalidad de la primera infancia.

Lo malo, como se adivina, es que un siglo atrás pocos hogares podían permitirse determinados lujos. Y las labores cotidianas para la mayoría de las madres no dejaban resquicios en sus horarios para la debida atención de los pequeños. Las penurias, desgraciadamente, se extendieron casi hasta el otro día mismo. De infancias difíciles entre plataneras saben, y mucho, mis queridos Pepillo y Juanillo.


[1]  La Aurora, Puerto de Cabras (Fuerteventura), 22-octubre-1903, año III, número 143, página 2.
[2]  No quedan tan lejos los tiempos de “la cáscara guarda el palo”. Máxime aquéllos que hemos vivido casi siempre en el campo. Lo de casi siempre es porque apenas queda; nos hemos urbanizado demasiado.