lunes, 12 de septiembre de 2016

Artículos de opinión

Aquellos que han tenido la infinita paciencia de seguir las andanzas de los chiquillos que dan nombre a este blog en el que desahogo el caos circulatorio de ideas, quizás no se merezcan este post de hoy. Pero me siento en la obligación de aclarar ciertos conceptos a los que se alongan de vez en cuando al mismo a través del enlace a Facebook que tal gentilmente me permite la aplicación denominada Twitterfeed. Suelen ser aquellos incondicionales de tal o cual partido político que creen lesionados sus legítimos derechos de seguir al pie de la letra los manuales de instrucciones. Y que un opinador, u opinante, deje plasmadas unas líneas en las que se cuestione el andar público de cualquier cargo, le supone un ataque frontal a sus convicciones ideológicas.
Un artículo de opinión es un texto periodístico que manifiesta el sentir o el pensar de una determinada persona acerca de cualquier asunto. En las variopintas temáticas posibles: política, económica, social, deportiva… Prima en el mismo, por tanto, la subjetividad.
El responsable de Pepillo y Juanillo (a saber, yo) no se halla al margen de cuestiones tan elementales. Tanto que no requieren, entendía, mayores explicaciones. Porque cuando debe imponerse el sentido común, que se aparten disquisiciones de mayor porte.
Como desde 1987 –el próximo año haremos la treintena– me asomo a los medios de comunicación (primero en los periódicos impresos y ahora en estas plataformas digitales) para dar a conocer mis pareceres de todo aquello que llame mi atención, nadie deberá indicarme que estoy sujeto al juicio de los que pierden unos minutos en ojear las líneas tecleadas. Y las andanzas a través de varios miles de comentarios me señalan que las observaciones críticas que he recibido en esta larga trayectoria proceden de aquellos que se dejan influir por impulsos, cuando no obediencias ciegas, en los que la razón queda obnubilada por demasiados prejuicios.
Uno, que intenta aprender cada día de tropiezos y errores, se lamenta de la escasa comprensión lectora que aún, en época de adelantos y progresos, abunda en nuestra población. Porque la perorata que se adjunta en la ilustración y que es, o debe ser, la consecuencia de no haberle convencido al autor de dichas líneas la entrada que titulé ‘Gira el trompo, gira’, del pasado viernes, no solo es la confusión del atún con la velocidad, sino el recurso de la provocación y el insulto a las más elementales normas de comportamiento. Pero allá cada cual, cada uno es libre de etiquetarse como mejor le venga en gana.
Creo no haber recurrido jamás a este tipo de calificaciones con cualquiera de los personajes que han sido diana de mis dardos dialécticos. Y mucho menos en su ámbito personal. Siempre los destinatarios han sido mentados en su esfera pública. Y como los electores no debemos limitarnos en acudir a las urnas en cada cita electoral para zanjar nuestra participación con introducir la papeleta en la urna, entiendo, y así lo seguiré haciendo, que poner en solfa acciones de dudosa moralidad, por muy legales que sean, constituye una obligación ciudadana. Qué papel jugaría, si no, el periodismo.
No escribo para los que piensan como yo. Porque en este blog también quiero despertar conciencias. No espero aplausos diarios tras la lectura de los párrafos que brindo al menos de lunes a viernes. Y ante el consejo de qué necesidad tienes tú de eso, me rebelo. Tanto el pasotismo como las dependencias serviles no forman parte de mi actitud vital. Me alegra, por supuesto, que los que coinciden con mis planteamientos pinchen en me gusta o plasmen unas letras. Pero no me levantan ampollas quienes disienten. Y como hablando, o escribiendo, se entiende la gente, bienvenidas sean las discrepancias. Seguro que de la conveniente puesta en común surgirán los necesarios avances.
Pero, y bien que lo siento, hay salidas de tono que únicamente demuestran obcecaciones. Máxime cuando no es la primera ocasión en que las imprecaciones se constituyen en los únicos argumentos de las divergencias. Hecho que lejos de contrariar me vale de acicate para seguir incrementando el número de artículos. Aquí tienes un ejemplo. Cuya meta, lo reitero, es alcanzar los dos millares. Y luego ya se verá. Pues logrado dicho objetivo, lo mismo cierro el capítulo de mis dos queridos ‘hijos’ para abrir una nueva etapa ‘Desde La Corona’.
Hombre, ya puestos, me encantaría que Manuel Domínguez (nombrado por el autor de las lindezas), todavía amigo en Facebook (aparte de la buena relación, creo, que en lo personal nos dispensamos), o alguien de su círculo cercano de colaboradores, plasmara en qué lugar y en qué ocasión Jesús ha manifestado que es el único responsable de la situación actual de la Casa de La Gorvorana. Cuando vengo desde la época en que José Vicente era el alcalde machacando en hierro frío tras la firma del convenio urbanístico por el que el ayuntamiento pasó a ser el propietario de la ruina. Y escrito está que cuando me lo comunicó le pregunté si disponía de un saco grande, de los de nitro de 100 kilos, bien repleto de billetes de 500 euros. Yo no nací por allí, me parió mi madre allí.
Cada vez entiendo más el porqué de las victorias del Partido Popular. Y ya está. Yo soy yo, y las ironías son mis circunstancias. No concedo permisos –ya saben que disponen de él a libre albedrío– para que plasmen las disensiones que menester fueren. Pero sean ecuánimes. Y si consideran que merezco alguna conformidad, no me dejen sobre ascuas.
¡Ah!, aunque el vocablo crítica suele tener una connotación negativa, no olvidemos que también consiste en un juicio que se expresa generalmente de manera pública.
El Imserso abrió el plazo de solicitudes para la campaña 2016-2017. Si desaparezco no será por gandulismo, sino porque quiero culturizarme. Aunque con la pata no iré muy lejos, al menos hasta dentro de unos meses.
Y mañana, martes y trece. Jugaré la primitiva.