martes, 6 de septiembre de 2016

El alimento del futuro

Perdonen si de vez en cuando hago un alto en el camino, abro un paréntesis, e intercalo cualquier otro parecer entre las entregas de Turismo y folclore. Así no se empachan ustedes y al tiempo me distraigo yo con más asuntos dignos de plasmar en este blog. Y como este mes de septiembre me están arreglando la piscina municipal (echo en falta la foto de rigor), dispongo de algún minuto más para sumergirme en la vorágine (des)informativa. ¿Cómo van los pactos?
Estuve el fin de semana pasado leyendo una información acerca de cómo serían los alimentos en el futuro. Sabido es que en este mundo de locos, cualquier día de estos podemos dar todos el estampido, pero de no ser así, en caso de que el orden mundial se avenga a razones, algo habrá que inventar para dar de comer a tantísima gente.
Somos tantos millones y tanta la porquería que lanzamos diariamente a la atmósfera, que lo mismo nos acostumbramos a dar por bueno el dióxido de carbono. El organismo es capaz de adaptarse a las situaciones más inverosímiles. O puede que nos acostumbremos a no comer ni beber y sigamos tan campantes.
Eché una ojeada a la relación que cierto periódico digital me brindaba y encontré varios ejemplos de lo que podría ser nuestra tabla de salvación. Y así tropecé con la carne creada en un laboratorio, la comida que hoy es habitual en el África profunda, los insectos (que cada vez es más normal en ciertos hábitos culinarios) y la fruta en cápsulas (me acordé de los astronautas). Entre otras posibilidades.
Además, la noticia hacía hincapié en dos nutrientes poco comercializados en esta época denominada de la comida rápida. De una parte, la verdolaga, una planta herbácea apenas utilizada en la actualidad, salvo como verdura esporádica. Y de otra, la cobia, un pez de escaso valor comercial, pero que por sus características (puede alcanzar los dos metros y pesar hasta más de 60 kilos) podría ser una solución en los previsibles periodos de escasez.
Si has tenido la gentileza de leer los párrafos anteriores y has alcanzado este punto de la escritura, puede que aún te estés cuestionando por qué la ilustración del aparato genital masculino para este comentario. Sencillo. Porque a este humilde bloguero no le han preguntado si tiene una idea mejor de cómo alimentar a la población en el supuesto de tener que tirar de todos los recursos posibles para paliar las hambrunas.
Pues sí, tengo una idea mejor. El alimento del futuro será el andamiaje externo del aparato antes mencionado. Y va la pertinente explicación:
Existen tres razones para llegar a la conclusión esgrimida. La primera es que se trata de carne, con un parecido evidente a la salchicha. Y ya es sabido cuántos usos se le pueden dar. Me refiero, obviamente, a la salchicha, que el exceso de imaginación es contraproducente.
Vamos con la segunda. Como se supone que el agua para ese entonces será más bien escasa, existe la posibilidad de que no podamos lavar como la higiene requiere el atributo (o alimento) en cuestión, por lo que el olor y sabor a pescado será más que evidente. Lo que constituye una ventaja añadida, ya que puedes combinar dos platos con un solo ingrediente. Y alternar carne y pescado implica siempre una motivación extra.
Y la tercera razón es que en el supuesto de que te quedaras con ganas de comer, porque al estómago le pareció raquítica la ración suministrada, te queda la opción de freírte dos huevos.
Como los hombres, o tú no lo has escuchado, no valemos para nada, este último servicio a la humanidad sería la prueba de nuestra grandeza, de nuestro espíritu desinteresado. Una muestra inequívoca de un corazón desprendido.
Si alguno de los reacios a pasar por este acto magnánimo está pensando que ese futuro alimento es parte integrante, también, de otro aparato del género destinado a la reproducción, hacerle ver que cada vez es menos necesario, máxime cuando los bancos (no todos son de dinero) guardan reservas suficientes. Y dentro de unos decenios, o siglos, la tecnología habilitará recursos adecuados para que las mujeres añadan otra habilidad a las muchas que ya poseen. Aparte de que no serán necesarias esas pérdidas millonarias de bichitos exploradores. Se envía uno debidamente programado y ya está.  La ciencia es así. Para unos aspectos, tan adelantada, y para otros debe recurrir a soluciones transitorias como la que se deja argumentada en el presente.
Hasta la próxima.