domingo, 25 de septiembre de 2016

Turismo y folclore (IX)

No obstante, insisto, y a ello se debe el interés de este capítulo, ahora es un ente cuasi muerto. Cuando han transcurrido varios años de su inauguración, cuando lo han visitado una gran cantidad de escolares, resta una gran labor por realizar: promocionarlo al visitante interesado en saber algo más de nuestra isla; ese que tanto ves en lugares de especial interés, cuaderno de notas en ristre y, casi siempre, con folletos y guías de tales sitios.
Desde un inicio el Museo se sabía destinado hacia un público determinado, con un nivel cultural específico. Y se enfocó hacia el campo de la comunidad escolar. Hacia ellos se destinaron los objetivos generales:
-Toma de conciencia de la importancia del patrimonio etnográfico y su conservación
-Conocimiento de la herencia cultural.
-Conocimiento de la cultura popular a través de diferentes materiales expuestos.
El Museo oferta estos aspectos:
a) La Casa de Carta como modelo de la casa de campo burguesa y de la arquitectura tradicional.
b) Cerámica popular canaria.
c) Industria textil: calados.
d) Industria textil: telares.
e) Indumentaria tradicional de Tenerife. traje de campo y de ciudad.
f) Industria de la piedra: molinos de gofio.
g) De la tierra al gofio.
h) La vivienda campesina.
Citaré, a título de ejemplo, el apartado "De la tierra al gofio":
-La agricultura canaria: los cereales.
-El campesino.
-La siembra: preparación del terreno, instrumentos utilizados.
-La época de siembra: factores que influyen.
-Época de recogida y traslado: utensilios.
-Folclore.
-La era.
-Conservación.
-El gofio.
-Tipos de gofio y su elaboración: instrumentos utilizados.
-Los molinos: individual y colectivos.
-Formas de comer el gofio.
-La comida tradicional campesina.
Es solo un breve resumen de Casa de Carta. Me indicaba Juan de la Cruz que son pocos, muy pocos los turistas que la visitan. Decía Juan López que estaba manifiestamente infrautilizada, que se han gastado mucho dinero para seguir cometiendo los mismos pecados. Si mi modesta opinión de algo vale, creo que deben arbitrarse los cauces necesarios para que todo aquel visitante interesado acuda al Museo.
Muchos de los trajes expuestos en las varias salas, que reflejan épocas, costumbres, tradiciones... son producto, muchos de ellos, de pacientes anotaciones de ilustres visitantes, que tanto y bien hablaron de las excelencias de la isla, que supieron observar el "modus vivendi" de nuestros antepasados. Y estas recreaciones merecen ser conocidas por otros muchos que demuestran tanto interés como aquellos que les precedieron tiempo ha, y que gracias a los mismos, podemos contemplar el espejo del pasado.
Eche, pues, mano el Cabildo de trajes que han podido rescatarse del olvido y muéstrelos en cuantos agasajos, brindis, congresos, convenciones... se celebren en la isla. Vista a las niñas de rigor, esas que portan las tijeras en las inauguraciones pertinentes, con indumentarias de todas las zonas de Tenerife y no acuda una y otra vez con el que parece ser única vestimenta oficial. Y aprovéchense esos actos para dar a conocer este Museo. Sáquenle "rentabilidad" a esa fuerte inversión.
Tenía la oportunidad de leer hace pocos días cuáles eran, a juicio de los estudiosos del tema, los "diez mandamientos" de la oferta turística. Creo recordar que en cuarto lugar  estaba  el  apartado de  las actividades conducentes a cubrir el ocio de los turistas. ¿Y no es este, acaso, un motivo de cubrir ratos de ocio, que para el turista son todos, con actividades que también son culturales y formativas?
Desde las instituciones habremos de ir cuidando mejorando la imagen. La isla vive por y para el turismo. Las especiales circunstancias coyunturales de la economía y política mundiales hacen concurrir aquí miles y miles de viajeros. A los que tienen la sartén por el mango solo les interesa llenar hoteles, como sea y a costa de lo que sea. Por eso, a las autoridades les compete poner freno a los desmanes y elevar el listón por y para un turismo más selecto, ofrecer alternativas de ocio que diversifiquen la oferta de sol y playa. Porque sería la única manera de contrarrestar la debacle que se originaría si las actuales circunstancias variaran.
Y el Cabildo, como gobierno insular, tiene también una alta cuota de responsabilidad, la máxima. Bien me parecen las promociones en el exterior. Pero vayan dejando a un lado la chica del bikini en la playa seudotropical. Lo que viene haciendo Enrique Talg en el hotel Tigaiga desde el inicio de la actividad de aquel establecimiento, es una buena muestra de lo que es otra clase de turismo.
Casa de Carta debe ser uno de los capítulos de esa nueva oferta. Cuenta con atractivos suficientes; importantes, diría yo. Sería, desde luego,  una buena fórmula. Aquí sí que está el reflejo de la tradición del pueblo, esa sabiduría popular que un día se la bautizó como folclore.
(Continuará)