martes, 4 de octubre de 2016

Clara Marrero González

Ya publiqué algo el 15 de diciembre de 2009 en este mismo blog acerca de la figura de Clara Marrero. Y ahora, como hice ayer con la de otro maestro ejemplar, José Galán, van otras notas halladas en el baúl de los recuerdos. En realidad, someros pasajes insertos en un trabajo de más amplia cobertura. Son breves reseñas periodísticas que en manera alguna constituyen un estudio en profundidad de la ejemplar maestra portuense, sino meras pinceladas que nos pueden dar norte de una trayectoria vital corta (ver la ilustración del periódico El Progreso, 31-diciembre-1907, página 2, con sentida crónica necrológica) pero de una fecunda labor docente. En la actualidad, cuando las hemerotecas se hallan afortunadamente digitalizadas, sería cuestión de buscar tiempo para pergeñar una biografía más completa. Deja ver.
-------------
Nace en Puerto de la Cruz el 9 de mayo de 1880, según consta en el Libro de Bautismos de la Parroquia de Nuestra Señora de la Peña de Francia (libro número 23, folios 17 y 18), hija de Agustín Marrero Brito y Emilia González Pérez. Sus abuelos maternos procedían de Realejo Alto, mientras que los paternos eran de origen portugués.
Sus primeros estudios los lleva a efecto con su tío Pablo Marrero, reputado maestro portuense.  Obtiene el título de maestra en 1898, junto a Bibiana Martín Armas y Etelvina Padrón Abreu, obteniendo la calificación de sobresaliente en todos los ejercicios de la Reválida de Grado Superior.
El día 22 de julio de 1897 se verificaron exámenes en la escuela de niños de Puerto de la Cruz, regentada por el querido e ilustrado maestro D. Benjamín J. Miranda. Al que Iriarte[1] le dedica estas líneas:
Quiera Dios que por largos años siga regentando esta escuela, para que, añadiendo nuevos laureles al historiador de su carrera, nuestro pueblo no pierda uno de sus elementos más valiosos.
En la pertinente reseña periodística, una alusión que tiene que ver con la futura Directora de la Escuela Normal:
Así, pues, plácenos haber visto en el local que ocupa la escuela de niños de este Puerto, además de la Junta de Instrucción pública, varias personas entusiastas, honrando el acto de examen con su presencia, las bellas é ilustradas señoritas Clara Marrero y Lía Tavío.
En el mismo periódico portuense[2] se nos vuelve a indicar, al siguiente verano, que los exámenes celebrados en la citada escuela pública, ahora contando como auxiliar a D. Pablo Marrero, constituyeron un  rotundo éxito.
Además de las Autoridades y Junta local de instrucción pública, asistieron á estos exámenes muchas personas de la localidad, estando representado el bello sexo por las Sras..., y las ilustradas profesoras de las Escuelas privadas Srtas. Dª. Rosa Díaz Fragoso y Dª. Clara Marrero.
El 19 de octubre de 1898, regentando la escuela diurna sostenida por la Sociedad de Instrucción gratuita de Puerto de la Cruz[3], a requerimiento del ayuntamiento, significa que su matrícula durante el curso 1897-1898 ascendió a 66 alumnas[4]. En el curso de 1900 a 1901 fue de 52. La ejerció durante cuatro cursos.
El periódico portuense Iriarte se hace eco de su enfermedad:
 Hállase enferma, aunque no de gravedad, nuestra joven amiga la Srta. Dª. Clara Marrero, maestra de la “Escuela Gratuita” del barrio de San Felipe de este Puerto. De todas veras hacemos fervientes votos para su pronta mejoría[5].
Se encuentra ya convaleciente de su grave enfermedad nuestra distinguida amiga la Srta. Clara Marrero, maestra de la Escuela de enseñanza gratuita. Al felicitarla por su completa mejoría, damos también nuestra enhorabuena al Doctor Domínguez por su acierto facultativo durante la enfermedad de la Srta. Marrero[6].
Al inicio de 1905, Noticiero Canario[7], en su sección de noticias, inserta este suelto:
La Directora de la Escuela normal de maestras de esta ciudad, Srta. Clara Marrero, ha solicitado un mes de licencia para atender al restablecimiento de su salud. Deseamos á la ilustrada profesora rápida mejoría.
Aparece como vocal del tribunal de las oposiciones anunciadas en la Gaceta de 1 de marzo de 1906, para proveer escuelas vacantes de niñas en la provincia, bajo la presidencia de Adolfo Cabrera Pinto[8].
Toma posesión como profesora provisional de la Escuela Normal Elemental el 18 de noviembre de 1902 y profesora provisional de la Escuela Superior de Maestras el 15-octubre-1907[9]. Con un sueldo de 1500 pesetas anuales, compagina este puesto con el de Secretaria de dicho Centro.
En 1903 es ya Directora interina de la Escuela. Imparte clases de Gramática, Pedagogía y Geografía.
Siendo ya Directora[10] de la Escuela Normal de maestras de La Laguna, hace acto de presencia en los exámenes de la escuela que venimos referenciando, regentada ahora por su tío, Pablo Marrero. De los que ya se dio cuenta en capítulo anterior, en información del orotavense El Defensor[11]. En este año de 1907, la Escuela Normal es elevada al rango de Superior.

Óbito

Diario del Norte[12], el mismo día en que hace su presentación, nos ofrece una sentida necrológica. Ésta es su trascripción literal:
«El 31 de Diciembre (1907) dejó de existir esta afable y querida señorita.
En la plenitud de la vida, cuando todo le sonreía, cuando un horizonte refulgente guiaba sus pasos, la muerte, implacable, destruyó para siempre el noble ideal que acariciaba su fecunda inteligencia; la infausta noticia cundió rápidamente en este Puerto, y el sentimiento general se manifestó con ostensibles caracteres.
Su biografía honra su memoria.
Nació la señorita Clara Marrero el nueve de Mayo de 1880; contaba, pues, 27 años de edad.
Desde la infancia demostró talento claro y amor al estudio; siguió la carrera del Magisterio; en 20 de Mayo de 1898, tomó el título de Maestra superior con la calificación de sobresaliente en los ejercicios de reválida; seguidamente se puso al frente de la escuela gratuita establecida en esta población y obtuvo durante cuatro años que la regentó brillantes resultados en los exámenes; al instalarse la Escuela Normal elemental de Maestras en la ciudad de La Laguna, fue nombrada Profesora provisional, de cuyo cargo se posesionó en 20 de Octubre de 1902, y desempeñó en ella la secretaría además de su cátedra; posteriormente, un año después, en 17 de Octubre de 1903, se le confirió la Dirección del establecimiento, que ejerció con tacto exquisito, haciendo observar la más escrupulosa disciplina, y valiéndole su gestión el aplauso de todos los amantes de la enseñanza.
Elevado aquel Centro docente a la categoría de superior, sus relevantes condiciones y aptitudes le conquistaron el honor de que el Gobierno la designara de nuevo para Directora, alto cargo del que se posesionó en 30 de Septiembre último y que desempeñó bien y fielmente.
En la organización material de la Escuela demostró continuamente atildada exquisitez, hasta el punto de sacrificar un peculio particular para su mayor ilustre.
Sus discípulas la veneraban porque el método de enseñanza que tenía dotado era fructífero y porque el bondadoso carácter que la distinguía la hacía simpática á cuantos compartían con ella.
Era modelo de virtud, cariñosa hija, amante hermana, y, en una palabra, digno ejemplar de mujer fiel cumplidora del deber, que, aparentemente, supo imponer su bondad á los sufrimientos morales que la venalidad de la intriga venía minando su existencia.
Hasta el último momento conservó su inteligencia, dando pruebas de extraordinaria resignación.
Hondo pesar ha producido su muerte; sirva esto de lenitivo á su atribulada familia en tan acerbo dolor, y aunque hay heridas que laceran el corazón y no se cicatrizan fácilmente, reciban sus deudos, su afligido padre, don Agustín Marrero, y su tío, D. Pablo Marrero, conocido profesor de instrucción primaria de este Puerto, la expresión sincera de nuestra condolencia.
La conducción del cadáver al Cementerio de la malograda señorita, se verificó el día primero del actual mes á las once de la mañana; fue una imponente manifestación de duelo de todas las clases sociales; sobre el féretro, llevado á hombros por incontables jóvenes y viejos, lucían infinidad de lujosas coronas, entre las que recordamos, una de sus padres, otra de sus tíos, una de la señora doña Luisa Wildpret y la del Claustro de la Escuela Normal, que si bien no tuvo representación oficial en el fúnebre acto, envió aquella ofrenda á la memoria de su Directora; las cintas las llevaban amigos íntimos de la familia; el cortejo iba presidido por el Sr. Alcalde, don Melchor Luz, el padre, tío y parientes de la finada, concejales del Ayuntamiento, presidentes de las sociedades y otras personas con carácter oficial.»
Unos días después, el periódico portuense[13] replica a El Magisterio Canario, que como su nombre indica, debe estar bien enterado de estos asuntos, porque había publicado, al dar la noticia de la muerte de Clara Marrero, que había desempeñado durante varios años, “hasta momentos antes de su fallecimiento”, la Dirección de la Escuela Normal superior de Maestras. Y continúa:
En este pueblo donde nació y murió la malograda joven, al ver que el Claustro de la Escuela, aunque no tuvo representación en el entierro, envió una corona que decía á su Directora, se cree que la Srta. Marrero era Directora hasta el momento de espirar; pero no es así, lo fue hasta momentos antes de su fallecimiento, y seguramente, alguien la dejó cesante con las mismas atribuciones que se nombró Vicedirectora de aquel Centro, sin ser preceptivo de la ley.
De ella escribió “Alfredo Fuentes” en “Mujeres del Valle”:
De espíritu liberal y amplio, de inteligencia sin prejuicios, cultivada con esmero, de sólida y brillante ilustración, tiende la vista hacia lo futuro y cree que la mujer, en vez de humillarse y aceptar eternamente el papel secundario y ornamental que se le ha conferido en la sociedad gastada, pueril y frívola de nuestros días, debe romper el círculo de hielo y hierro que la rodea, lanzándose a nuevas orientaciones que la hagan sobresalir entre la ignorancia con barniz y ser respetada y elevada por la cultura ganada con noble anhelo y en trabajo verdadero y positivo, que no es el ligero mariposear de las señoritas sin apego al estudio.
(...) Clara Marrero pagó en edad temprana su tributo a la muerte, precisamente cuando el porvenir se le presentaba sonriente y lisonjero; cuando iba en camino de escalar los más altos puestos del Magisterio español por su trabajo y por su ilustración.
Nuevamente Diario del Norte[14] informa de estar sonando varios nombres para la dirección interina de la Escuela Normal, vacante por defunción de la malograda señorita Clara Marrero, pero supone que deberá proveerse en propiedad, en virtud del concurso de ascenso anunciado en diciembre último.
El ya citado periódico[15], copia de El Magisterio Canario la información de la celebración en la Parroquia de la Concepción lagunera de una solemne función religiosa. Que había sido anunciada el día anterior a la celebración[16]. Y que, antes de copiar la reseña precitada, informa de que los funerales celebrados en aquella parroquia, en sufragio de la que fue digna Directora de la Escuela Normal Superior de Maestras, Srta. Clara Marrero, hija de este Puerto, estuvieron muy concurridos[17].
En el centro de la nave mayor se había levantado severo catafalco, y la misa de requiem, con vestuario, fue cantada con toda solemnidad. Durante el acto, en otros altares celebrábanse misas rezadas en sufragio del alma de la infortunada profesora de la Normal.
Entre la concurrencia, bastante numerosa, prueba inequívoca de las generales simpatías con que contaba la Srta. Clara Marrero,  el Director del Instituto provincial y técnico y el Claustro de la Escuela Normal, al frente del cual se hallaba su Directora, Doña Laura Guillén de la Puerta, y las profesoras Dª. Amalia y Dª. Cecilia Rivas y Dª. Dolores Martín.
Descanse en paz la finada y reiteramos á su apreciable familia nuestro sentido pésame.
Se le tributa sentido recuerdo en el acto de apertura del curso 1908-1909 en la Escuela Normal superior de maestras de La Laguna, según se contiene en la información del periódico santacrucero La Opinión[18], copiada del lagunero Noticiero Canario.


[1]  Iriarte, Puerto de la Cruz, 25-julio-1897, año I, número 51, página 2.
[2]  Iriarte, Puerto de la Cruz, 7-agosto-1898, año III, número 103, página 2.
[3]  De esta escuela gratuita de primera enseñanza, decía El Auxiliar (Santa Cruz de Tenerife, 12-octubre-1897, número 397, página 226): Parece, según se nos informa, que una inteligente maestra se halla encargada de educar a las niñas que durante el día concurran al establecimiento... Aplaudimos la medida y deseamos que alcance éxito completamente satisfecho.  La maestra era Clara Marrero. Y por la noche, su tío, Pablo Marrero, daba clase a los varones.
[4]  A.M.P.C.; Varios Instrucción pública; Legajo I (1), número 76; expediente 7 (1897-1911)
[5]  Iriarte, Puerto de la Cruz, 18-diciembre-1898, número 122, página 4.
[6]  Iriarte, Puerto de la Cruz, 29-enero-1899, número 128, página 3.
[7]  Noticiero Canario, La Laguna, 2-enero-1905, número 229, página 2.
[8]  El Magisterio Canario, Santa Cruz de Tenerife, 1-agosto-1906, número CXXXI, página 2.
[9] González Pérez, Teresa. Las Escuelas de Magisterio en el primer tercio del siglo XX: la formación de maestros en La Laguna. Tesis doctoral. 1994. (HUM 1227).
[10]  En calidad de tal, remite el título de Maestra de primera enseñanza superior de Dª Julia Hernández y Hernández al alcalde de La Orotava.
[11]  El Defensor, La Orotava, 24-julio-1907, año II, número 201, página 2.
[12]  Diario del Norte, Puerto de la Cruz, 6-enero-1908, año I, número 1, página 2.
[13]  Diario del Norte, Puerto de la Cruz, 11-enero-1908, año I, número 6, página 2.
[14]  Diario del Norte, Puerto de la Cruz, 20-enero-1908, año I, número 13, página 2.
[15]  Diario del Norte, Puerto de la Cruz, 7-febrero-1908, año I, número 29, página 2.
[16]  Diario del Norte, Puerto de la Cruz, 29-enero-1908, año I, número 21, página 2.
[17]  Diario del Norte, Puerto de la Cruz, 31-enero-1908, año I, número 23, página 2.
[18]  La Opinión, Santa Cruz de Tenerife, 5-octubre-1908, número 4.835, página 2.