jueves, 24 de noviembre de 2016

Minutos de silencio

Ayer fui a la piscina municipal. Al igual que lunes y viernes. Antes de las 8 ya estoy tocando el timbre (puerta de atrás) para darle menos trabajo a la pata. En los primeros días debía bajar en la silla habilitada para minusválidos, pero ya soy capaz de acceder a la pileta por la escalera. Aún cuesta algún esfuerzo. Paciencia me decían todos, incluido el traumatólogo, y en ello estoy. El progreso, no obstante, es evidente. Lento, ya lo sé, mas no queda otra.
Camino más que nado. Y como la climatización funciona, los 26 o 27 grados (centígrados) te mantienen adecuadamente. Mucho más cuando echas una visual al tablero electrónico y te indica que en el exterior la temperatura es la típica de Realejo Alto, por debajo de 20. Lo que sí está mal es la techumbre. Esa cubierta metálica ya muestra síntomas evidentes de caducidad. Tanto que cuando llueve, las goteras son abundantes. Y tú me dirás que si te estás bañando, qué importancia tiene el hecho. Y como tienes razón, te la doy y punto.
Remojándome estaba, cuando aparece un amigo y me da la noticia del fallecimiento de Rita Barberá. Comentamos un par de minutos que ahora se repartirían culpas a diestro y siniestro, porque la muerte actúa como un bálsamo. Para el difunto, por razones evidentes. Para los que seguimos por estos vericuetos, porque el pasado queda borrado ipso facto y el fallecimiento establece tabla rasa. Todos pasamos a ser buenos después del óbito. Cuando ya no te vas a enterar. Lo que demuestra fehacientemente que somos más falsos que una moneda de cinco euros.
Cuando llegué a casa tocó la ración diaria de prensa. No hace falta contarte qué información acaparaba todas las cabeceras. Y la redes sociales ardían con todo tipo de comentarios. Laudatorios los unos, denigrantes los otros. Elegías y panegíricos, pero también sarcasmos y actuaciones que ponen en duda nuestra condición de racionales.
A pesar de que no piso una iglesia ni domingos ni fiestas de guardar, cuando asisto a un entierro intento ser lo más respetuoso posible. Acudo a la ceremonia fúnebre y guardo el debido silencio porque entiendo que muchos de los allí congregados ‘viven’ los oficios. Lo mismo te traslado de bodas, bautizos y demás. Y en cuestión de creencias, dogmas y fes, cada cual dicta sus principios.
Hay actitudes que no comparto. La de aquellos que confunden meros gestos de cortesía, de buenos modales, de educación, en suma, con homenajes políticos que no vienen a cuento. No estoy de acuerdo con los que aprovechan cualquier ocasión para los exaltamientos del bien quedar, ni con los que establecen discriminaciones por inconsistentes tesis políticas baratas. Tan demagogos que apenan.
Se han  pasado todas las fronteras, cada uno tendrá sobre su conciencia lo que se ha dicho, queda ahora la duda al no poner demostrar su inocencia… Argumentos defensivos que no contribuyen al necesario sosiego. Del otro lado, minutos de silencio no compartidos y comparaciones que no vienen a cuento. Volver a enchufar el ventilador con explicaciones que confirman regímenes altamente peligrosos.
Gusta a unos cuantos poner listones bien altos. Pero cuando se viran las tornas no se ruborizan en cambiar discursos a conveniencia. Nos tildan de tontos cuando no compartimos sus ideas, pero no dudan en calificarnos de idiotas cuando la tortilla se dio la vuelta.
Puede que todos hayamos contribuido a este clima de enfrentamiento. Y el recurso del minuto de silencio ha sido tan choteado que nos hemos vuelto escépticos. Y poner en la balanza quién y quién no merece las consideraciones y respetos se ha vuelto ejercicio asaz complicado. Exteriorizar una posición de puertas adentro y convertir estos aconteceres en espectáculos televisados ha desembocado en tiras y aflojas lamentables.
Culpables somos todos. Pero los que se presentan como adalides de la regeneración y fieles exponentes de jóvenes sobradamente preparados no muestran los mimbres requeridos ni la cordura necesaria. Esa hornada de universitarios, aparte de fagocitar una formación política de dilatada trayectoria democrática, flaco favor prestan con aspavientos y poses cara a la galería. Demasiados sectarismos. Y no creo que la solución a los fallos del sistema venga de la mano de estos fanatismos. Me han vuelto a defraudar.
Y hacemos la número 1988. Nos quedan 12.