lunes, 7 de noviembre de 2016

Obligados a cambiar

El periodismo está necesitado de urgentes y profundas reflexiones. El prestigio de la profesión se halla bajo mínimos. Y parece que la dedicación para que se viren las tornas se antoja más bien escasa. Luego, con la queja y el lamento, intentamos escapar otra temporada. Meras tiritas cuando la hemorragia alcanza cotas alarmantes. Vamos, que ni la noche de Halloween.
El impreso, que debería poner el adecuado toque de atención por la sencilla razón de que dispone de un tiempo para meditar el contenido de sus planas, ni está ni se le espera. Se ha sumado al carro de los despropósitos con pasmosa facilidad.
Ahora que ya gozamos-sufrimos de flamante gobierno y Rajoy descansa tras el esfuerzo, nos corresponde corta espera para comprobar en unas horas quien será el nuevo inquilino de la Casa Blanca. En consonancia con ese conglomerado de encuestas, sondeos y previsiones, leo en Canarias7: “Los americanos residentes en Gran Canaria prefieren a Clinton”.
Ya lo de los americanos se las trae. El imperialismo yanqui (acepción tercera del DRAE, la coloquial; para obviar las relacionadas con Nueva Inglaterra), no conforme con meter las narices en toda Sudamérica –amén de otros recovecos varios– parece haber desembarcado en Inforcasa, en el mismísimo Polígono de El Sebadal, pasada la rotonda de Belén María, para general descontento de la amplísima colonia asiática de Las Palmas.
Pero si te sumerges en el meollo, tropiezas con la agradable sorpresa de que se ha preguntado a cuatro profesores y un alumno (a un servidor le salen cinco) del centro docente The American School of Las Palmas. Se necesita mucho atrevimiento para, con esa ‘amplísima’ muestra, colegir un titular tan contundente. Es una muestra tan chapucera como las grabaciones del magistrado Alba. Puede que el género picaresco hay renacido sin darme cuenta, pero, hombre, unos miligramos más de seriedad. Que el cada vez más escaso lector tiene el derecho de recibir información veraz y no las ocurrencias del gracioso de turno. Para eso estamos los opinadores. O aprendices.
Sí, estamos obligados a cambiar. Como sostiene Casimiro Curbelo, pluriempleado gomero, en su artículo dominical. Bueno, lo firma él. Sus múltiples ocupaciones no le dejan unos minutos para teclear unos párrafos. Como al resto de correligionarios de su ASG. Entre Parlamento, Cabildo y Ayuntamientos, cuánta capacidad.
Nos deleitó este pasado domingo con un mareo de cifras impresionantes: habitantes de Canarias, número de desempleados, porcentajes, millares de familias con dificultades para llegar a fin de mes, decenas de miles de hogares sin ningún ingreso y 598.000 residentes en riesgo de pobreza, 160.000 mayores con una pensión insuficiente y 100.000 pacientes en lista de espera para intervenciones quirúrgicas.
Excelente, y macabro, retrato, señor Curbelo de una realidad que ha surgido de improviso, de la noche a la mañana. Y al despertarse, usted estaba allí, pasaba por allí. Como el dinosaurio. Y no el de Monterroso. Puede que con dobles. Pero aun así, hay razones para la esperanza y el optimismo. Loas al presidente autonómico por esos presupuestos expansivos. Bendito y glorificado el Santo ITE.
“Desde las entidades públicas estamos obligados a sumar para cambiar la realidad canaria. Hacer y estar en la política no es más que trabajar con inteligencia para servir a los ciudadanos”. Me deja asombrado. Felicite, usted, a la amanuense, a su álter ego.
Como La Gomera sigue teniendo la cesta de la compra y la gasolina más caras del archipiélago (y todo lo que ello supone como efecto colateral), amén de media población trabajando a tiempo parcial para el Señor Comendador en la red clientelar por antonomasia, y eso desde los inicios del Paleolítico Superior, me entra una terrible congoja que a tal hecho lo llame trabajar con inteligencia. Claro, para servirse de los ciudadanos mediante un voto cautivo. Porque si no lo haces, ¿quién te va a asegurar el curro de medio año y que tengas donde caerte muerto? ¡Ah!, principios de igualdad política, social y económica de todos los hombres.
Y hemos roto el pijama del silencio. Ni somos descendientes de una lengua cortada, ni queremos sudar hiel y vinagre, ni seguir siendo súbditas de una feria de olvidos. No deseamos otras pertenencias que no sean las alas de los vuelos.
Tú ya no podrás despertar, Pedro (García Cabrera), pero me cuestiono cómo se han podido adormecer las conciencias hasta tal extremo. Cuánta drogadicción. Menos mal que nos queda la historia para combatir un presente subsidiado.
Vida tendré mientras mi sueño viva y su rumor levante mi palabra desde los pies del agua sin fronteras hasta las sienes de la eternidad
Y van 1971. Quedan 29.