domingo, 27 de noviembre de 2016

Turismo y Folclore (XXIX)

Va la segunda entrega de la entrevista a Juan López.
A veces me parece que los grupos pecan de no ser capaces de transmitir no sólo la música, sino todo lo que conlleva a su alrededor...
Cuando un grupo sube a un escenario, lo hace para manifestar un mensaje. Y el mensaje debe ser: mire usted, yo estoy haciendo esto. Y esto viene de aquí. Y en estos momentos está en este lugar, porque yo lo he puesto y así lo he querido. Tiene estos orígenes y no lo hago por capricho. No es que me guste ponerle tres plumas al sombrero, o darle cuatro saltos a la isa, o le pongo dieciocho acordes disminuidos a unas malagueñas.
Y si lo hago, decirlo. Y si no lo hago, decir que se trata de una malagueña, que llegó a Canarias a finales del siglo XVIII, que fue un fandango en sus orígenes y que, poco a poco, se ha ido lentificando... Todo para que la gente sepa qué está oyendo, porque hemos pasado por 40 o 50 años de una laguna profunda de falta de conocimiento, total y absoluto, de la música tradicional. Y aún lo estamos pagando. La gente no sabe qué es lo que escucha.
La filosofía originaria de la escuela, ¿se ha modificado? ¿Marca alguna directriz el Ayuntamiento?
La Escuela funciona de una forma autónoma, es decir, tenemos presupuesto propio y un cierto margen para realizar actividades. Siempre, por supuesto, bajo la supervisión del Concejal-Delegado de Cultura. Lo que empezó como una Escuela, con unos cuantos monitores, se ha convertido en un monstruo. Hemos asumido gran parte de los cometidos del área de música del Ayuntamiento: coros escolares, bandas de música, corales mixtas, etc., etc.
Estamos intentando conseguir un todo armónico. Hemos crecido también en proyectos. Hemos creado un Festival Internacional de Folclore (hace 4 años), un certamen de Villancicos, de solistas, de trajes tradicionales, de comidas, fotografía, artículos etnográficos... Es mucho más que una Escuela.
Santa Cruz no se caracteriza por vivir cara al turismo. Pero, ¿hay actuaciones de los grupos santacruceros para el turismo? De ser así, ¿quiénes solicitan esas actuaciones?
Que yo sepa, ahora mismo hay tres tipos de corrientes de actuaciones para el turismo:
a) El puerto. Vienen cruceros y solicitan grupos folclóricos.
b) Para convenciones organizadas por estamentos residentes en Santa Cruz de Tenerife.
c) Exportación de grupos a los centros turísticos del Sur.
Cuando hay demanda vale cualquier cosa. Tenemos de todo, desde los que se niegan rotundamente a acudir a este tipo de actuaciones si no va el grupo completo, hasta los que no les preocupa lo más mínimo el que se decante un pequeño núcleo para estas ocasiones (4 ó 5 tocadores y 2 ó 3 parejas de baile).
Pero, afortunadamente, estamos lejos de la demanda que existe en el Sur o en Puerto de la Cruz. En este sentido los grupos de Santa Cruz están más aglutinados. Conservan mucho mejor sus parámetros fundacionales: grupos extensos, alrededor de 30 ó 40 personas.
¿Hay establecimientos hoteleros que tengan dentro de sus actividades el mostrar nuestro folclore al turista?
No hay ninguno. Con carácter ocasional, el Mencey. Piensa que los hoteles de Santa Cruz son muy pequeños y solo son utilizados como de paso.
Los grupos que se disgregan para ir a tocar cara al turista, ¿realizan su trabajo con la misma seriedad que si fuera el grupo al completo o van a escapar, ocurriendo lo que en Puerto de la Cruz, interpretando, incluso, temas que nada tienen que ver con el folclore canario?
Ocurre exactamente igual. Pero solo son unos pocos. Si acaso dos o tres.
No tienen ningún tipo de escrúpulos. Van a bodas, bautizos, a un hotel, a una convención, a lo que le echen. Les da igual. Están conectados con una agencia que se dedica a proveer de este tipo de grupúsculos a los hoteles y los tienen 3 ó 4 días a la semana por ahí. Como los llevan por muy poco dinero, y sus apetencias no son excesivas –se han vuelto conformistas–, tocan cualquier cosa.
Desgraciadamente es así, porque la demanda lo solicita. Aquí ocurre como en la vida: hay gente que se mantiene sin ceder ante las presiones, y otros a los que nada le importa y hacen cualquier cosa, como si les mandan a echar fuego por la boca.
¿Hay algún otro aspecto o faceta de nuestras costumbres, a través de las cuales estemos dando mala imagen al visitante?
Hay un tema que me resulta curioso. El Cabildo tiene la Casa de Carta: gran esfuerzo para plasmar la realidad indumentarial de Tenerife. Pero, curiosamente, ese mismo Cabildo, cuando llega el momento en que hay que hacer un regalo de trajes tradicionales o hay que presentar una pareja de gente vestida de maga, no utiliza esos trajes, en los cuales se ha gastado muchísimo dinero, sino que acude al archiconocido de La Orotava o de Santa Cruz. Es una incongruencia que he tratado en más de una ocasión con los responsables del Cabildo y no me han sabido dar una respuesta.
En general, las corporaciones tienen una idea nebulosa de que hay que apoyar la cultura tradicional, porque estamos en una etapa de nacionalismo, etc., etc., etc. Pero cuando hay que llevarlo a la práctica y manifestarlo como una forma de ser del hecho canario, se les olvida.
Se han hecho cosas positivas, pero traducir estas actitudes ante la opinión pública, y no solo canaria, no trasciende, solo queda en buenas intenciones. Queda como parte de un programa, no de una filosofía. Eso me llama mucho la atención y es un caballo de batalla constante.
Es una imagen distorsionada que se ha venido vendiendo (del conjunto de España: las castañuelas, sevillanas, toros y sangría) y no hemos sido capaces de erradicar. De Tenerife se creó un estereotipo, que se sigue vendiendo porque el turista cree que es lo único. Es lo que le hemos hecho ver. No conocen otra cosa y quieren contemplar lo que dice el folleto.
Arriba, en las promociones que se realizan, siguen insistiendo y cayendo en lo mismo.
(Le aludo a la embajada del carnaval a Alemania, en la que también participa el Cabildo, y  coincidimos en las reiteraciones de estos intercambios y promociones. Queremos seguir vendiendo sol, cuando ya no se lleva)
¿Hay alguna otra oferta de nuestras costumbres y tradiciones que se realicen para el turismo en cualquier otro sitio que conozcas?
En Santa Cruz contamos con un Centro de Artesanía en Anaga, donde existen 8 especialidades (cestería, palma, hilado de lana, malla, hilo, calado, roseta, bordado y rafia). En otros sitios también lo hay. En La Guancha se está haciendo muy buen trabajo. En La Orotava es un poco más divulgativo, profundizan menos, a pesar de que corre a cargo del Cabildo. Y poquito más.
La artesanía está invadida, e incluso potenciado por organismos canarios. Por ejemplo, la Feria de Arte hispanoamericano, subvencionada por ayuntamientos (entre ellos el de Santa Cruz) y Cabildo Insular. Traen a artesanos de allá a competir con los canarios. Y a estos no los subvencionamos, con lo que, tal vez, les estemos dando la puntilla definitiva. Es decir, no solo no se protege nuestra artesanía, sino que la ayudamos a hundirla.
A colación de tu respuesta anterior, ¿qué opinión te merece la desaparecida Feria de ferias de La Guancha?
Fue algo que merece todo nuestro reconocimiento, que un pueblo pequeño haya sido capaz, durante cinco años, de aglutinar a todas las gentes de la isla.
Maravillosa, única, excepcional y... políticamente odiosa para alguna gente. Por eso se la cargaron. Se terminaron las subvenciones, porque no interesaba... y se acabó.
¿Ha cubierto el recinto ferial santacrucero el vacío producido?
Jesús, no me preguntes algo del Juzgado.
Como trabajador de este sugerente campo, te habrá encontrado con grupos, casos y cosas que sonrojan a quienes pretenden realizar una digna labor. ¿Qué opinión tienes al respecto?
Hay muy poca literatura, muy poco conocimiento transcrito sobre la realidad veraz, objetiva y absoluta de la música, la danza, la vestimenta tradicional en Canarias. Si unimos esto al que la mayor parte de los que practican folclore son gente de una formación cultural medio-baja, tenemos:
1º. Gente de pocos conocimientos.
2º. Poca capacidad de aprender.
3º. Cuando la tienen, no encuentran argumentos que los puedan orientar en el sentido adecuado.
Hacen lo que realmente creen. ¿Cuál es el problema? Que hay quien respetar esas horas de esfuerzo y trabajo. Y el que no ha estado en un grupo, no sabe lo que significa. Comparémoslo con el Carnaval: son dos semanas de fiesta; la gente se prepara durante dos o tres meses. Y punto. El grupo folclórico está todo el año. Los grupos del Carnaval están subvencionados. No sucede los mismo con el folclore...
Lo que no entiendo bien es la mentalidad obstruccionista, provocada, quizás por su propia serie de limitaciones culturales, de muchos de los directores. Porque los grupos son lo que los directores quieren que sean. Cuando el director se "emperra", se aferra a sus conocimientos y no es capaz de abrirse, y, simplemente, preguntarse si lo que hace está bien, o si hay alguien que le pueda enseñar, si hay alguien de quien pueda aprender... Cuando un director no es capaz de hacer eso, los grupos se cierran en banda y causan un grave daño.
Pero los grupos, con todo eso, no causan tanto daño como algunos medios informativos. Cuando en un programa de radio o de televisión se emite un programa dedicado al folclore, en el que todo sirve y todo vale, se está creando un confusionismo total y absoluto entre todos los grupos que miran o escuchan ese programa. Porque si aquel sale y el presentador dice que está bien, yo también lo puedo hacer, y lo voy a hacer.  Que salen vestidos de guanche y bailando la isa del Mencey Acaymo, y dando saltos diciendo que aquello es de rescate...
Si eso sale por televisión, al cabo de pocos meses hay 15 grupos haciendo lo mismo.
No solo es responsabilidad de los directores y los propios grupos. Es, sobre todo, de aquellos que por suerte, merecimiento o conocimiento, estemos en situación de influir en los demás. Y si no se hace, por comodidad o por ignorancia, eso sí que es grave.
Es difícil, porque ese señor, con limitados conocimientos, que ha estado años y años enseñando lo mismo, no va a reconocer jamás ante su grupo que aquello estaba equivocado. No va a aceptar el consejo de nadie que le oriente en otro sentido; entre otras cosas, porque no domina lo que debe corregir.
(Continuará)