sábado, 26 de noviembre de 2016

Turismo y Folclore (XXVIII)

16. Hablamos con Juan López
Tras haber quedado citados en un par de ocasiones, que fallaron por razones que no vienen al caso, se produce esta entrevista el lunes 30 de enero de 1995 en la sede central de la Escuela Municipal de Folclore de Santa Cruz de Tenerife. Por cierto, casi no llego. Creía yo, hombre de pueblo, que el Barrio de la Salud estaba conformado por cuatro casas y dos o tres calles, como ocurre por acá. Pues no, hube de pararme en más de dos ocasiones y preguntar para poder dar con el dichoso mercado viejo. Pero como preguntando se llega a Roma, y yo no iba tan lejos, este que escribe también encontró su particular Vaticano.
Con el ánimo de acabar temprano, manía de gente del campo, allí estaba a las siete de la tarde del día anteriormente reseñado. Pensaba yo que habría ensayo o algo así. Pero no. No funcionaba la Escuela como yo especulaba. Es algo que a lo largo de la charla quedó meridianamente claro.
Como hubo, al menos, un par de aplazamientos, y viendo que el entrevistado no acudía a la cita, comencé a pensar si el tema me iba a fallar en una nueva ocasión. Mientras aguardaba pacientemente, escuchaba aires de folías que algunas parejas bailaban en una de las salas destinadas a esta Escuela de Folclore. Una y otra vez se repetían las figuras de este aire típico para perfeccionar los pasos. En una de las paredes, un gran espejo, que servía de guía a las parejas, se convertía en fiel notario de lo que allí acontecía.
Solo fueron unos minutos de retraso. Pero Juan López acudió a la cita. Como estaba previsto. Solo habíamos hablado por teléfono con anterioridad. Era conocedor de sus andanzas en el mundo del folclore, pero muy poco más. Fue a requerimiento de Juan  de la Cruz como llegué a esta entrevista. Gracias a él fueron los contactos habidos. Incluso, en más de una ocasión me valió de intermediario.
Pequeño currículum
Empecé en 1975 con la extinguida "Coros y Danzas de la Sección Femenina" en Santa Cruz de Tenerife. Al poco tiempo de entrar, hicimos un viaje de 40 días de duración por la Península. Con anterioridad no había tenido ninguna relación con la música tradicional ni con el baile. Al llegar de este viaje, "Coros y Danzas" de la capital desapareció. 
Junto con otro compañero, que había hecho también esa gira, confundamos "Verode". Allí estuve dos años. Luego pasé a la "Masa Coral Tinerfeña" y más tarde a "Los Majuelos", donde estuve desde el 79 al 89.
En 1989 me propusieron dirigir esta Escuela Municipal. Consideré que no era ético dirigir a un grupo, mientras que por otra parte era responsable de la posible contratación de grupos, y abandoné Majuelos.
Pero Los Majuelos llevan más años...
Sí, lo que pasa es que nació como una pequeña parranda que se fundó en 1968. Posteriormente se convirtió en un grupo masculino, al estilo de Los Sabandeños. Incluso adoptaron la manta y tocaban los mismos temas (estaban dirigidos por un componente de aquel grupo).
Llegó un momento, las copias siempre suelen ser malas, en que el grupo se replanteó la situación y me llamaron. Intenté introducir nuevos elementos en su dinámica, porque primaban los grupos masculinos estáticos. Y no es que fueran elementos nuevos en la música tradicional, pero sí en la folclórica: presencia de la mujer, la danza y, sobre todo, el tema de la vestimenta tradicional, que no estaba contemplado en los grupos de la época (Chincanayros, Verode, Sabandeños...[Tenerife], Sancochos, Gofiones...[Gran Canaria]), y otros muchos que surgieron al amparo de los iniciadores, Los Sabandeños.
¿Cómo se produjo la entrada en el folclore?
Mi incorporación a este mundillo fue casual: pasar por el local de ensayo de Coros y Danzas, oír tocar, entrar para ver qué era aquello... Y lo que también ocurre ahora: como hacía falta gente, me apunté y aquí estoy.
Y en esa renovación de Majuelos, ¿tuvo algo que ver Juan de la Cruz?
De entrada quisimos formar un cuerpo de baile y quitarnos la manta. Esa fue nuestra primer pretensión. Pero nos planteamos, ¿qué podíamos ponernos? Tenía claro que no iba a ser el traje negro de la zona de Santa Cruz-Laguna ni el de La Orotava. Eso me parecía partir de una base falsa: la uniformidad, que no se ha llevado en ninguna de las culturas tradicionales que, al menos, yo conocía. Alguna idea tenía al respecto por mis estudios de Geografía e Historia, que me habían introducido en las costumbres del folclore tradicional. Afortunadamente, me encontré con Juan de la Cruz. Me reafirmó en mis planteamientos y nos orientó. Apoyó la idea y nos documentó sobre el particular.
¿Es la Escuela un aula de enseñanza o lleva implícito algo más? ¿Se compone de varias secciones? ¿Hay dentro de ella un grupo estable?
No, aquí no funcionamos como grupo. Por una razón:
La Escuela se crea en base a una demanda que existía en aquellos momentos. Fue  en 1985 cuando el entonces alcalde Manuel Hermoso me pide que presente un proyecto destinado a atender la demanda de conocimientos sobre música, danza y vestimenta tradicional. En Santa Cruz existía, a diferencia de Adeje y Arona, ejemplos que tú me has puesto, multitud de grupos folclóricos. No hacía falta crear otro más, para competir con el resto.
Los objetivos eran:
1º. Apoyar lo que había.
2º.  Realizar una labor pedagógica y didáctica acerca de cuáles podrían ser las mejoras posibles a aplicar a estos grupos ya constituidos.
3º. Enseñar a aquella gente que quisiera formar otros grupos o incorporarse a los ya existentes.
La labor, pues, era formativa, potenciadora y recuperadora. Santa Cruz es muy grande y todavía quedan, afortunadamente, muchas manifestaciones de gran interés etnográfico. El proyecto estuvo, sin embargo, casi cuatro años esperando a que se le diera el visto bueno. La ubicación física de la Escuela está en el Barrio de la Salud, pero lo que pretendemos, dada la extensión del municipio, es intentar llevar la cultura tradicional a todos los barrios donde se demande. Centralizar la idea hubiese sido matarla, acabar con los parámetros que se había previsto y por los que se había fundado: nosotros ir a los vecinos, no al revés.
¿Y se está atendiendo realmente a todos los barrios?
El año de nuestra mayor expansión, que fue el 93, atendimos al 62% de las Asociaciones del municipio, bien en música, danza o artesanía, y cerca del 70% de los centros docentes de E.G.B., con un total de 5000 alumnos mensuales. Empezamos, normalmente, con muy poquitos, unos 200. Pero en apenas dos años, pasamos a más de 2000.
¿Se comprometen a algo las Asociaciones o Colectivos que soliciten estos servicios?
Lo único que aportan es un salón de ensayo y una convocatoria que hacen entre sus asociados. El resto nos corresponde a nosotros: material, monitores... Es, pues, totalmente gratis.
Por algunos cursos monográficos que se hacen aquí, en el centro coordinador, sí se cobra una cuota módica. Ahora mismo estamos llevando a cabo cuatro talleres por los que se paga 1000 ptas.
¿Hay algunas Asociaciones que no han querido acogerse por tener ya algún grupo organizado?
Sí, hay unas 120 Asociaciones de Vecinos, de las cuales atendemos, aproximadamente, un 60%. El resto prefiere otro tipo de actividades. El Patronato de Cultura tiene una oferta muy amplia de actividades. Lo que engloba la cultura tradicional está ocupando el primer lugar en demanda del número de alumnos. Pero hay quienes prefieren corte y confección o inglés o mecanografía, antes que baile o instrumentación
¿Están todos los grupos radicados en Asociaciones de Vecinos o existe otro tipo de entidades?
A raíz de la fundación de la Escuela y el comienzo de la labor de asistencia de los monitores, se han formado nuevos grupos en algunas Asociaciones. Pero sí existen otros muchos de carácter completamente independiente. A esos también les asesoramos cuando quieren aprender algún baile, sacar otro tipo de vestimenta, investigar sobre algún aspecto musical. Bien vienen ellos aquí o solicitan nuestra presencia.
¿Existe mucho material que se haya rescatado?
Algunos de los barrios de Santa Cruz son eminentemente rurales (Llano del Moro, Cordillera de Anaga, Taganana, Afur, Roque Negro...). En estos lugares quedan todavía estilos y géneros, que, de no ser aquí, ya se han perdido, no solo en Santa Cruz, sino en toda la isla. Así nos hemos encontrado con:
Un auto sacramental de los Reyes Magos en Taganana, un pasodoble anaguero, un estilo de malagueñas corridas, muy raras, también en Anaga (cuyos parientes más próximos están en Fuerteventura o Lanzarote). Un estilo de cantar seguidillas o folías en Llano del Moro y Taco, totalmente diferente. Incluso en el propio casco de Santa Cruz, esponja de un éxodo rural evidente, nos hallamos con temas propios de esos lugares de origen (Gomera, La Palma, Fuerteventura).
¿Qué opinión te merece, al hilo de lo anterior, las consideraciones de algunos grupos de no interpretar temas de otras islas?
Debemos partir de la base que hay una cultura tradicional muy desconocida. Fundamentalmente Tenerife no es otra cosa que una isla, y aquí ha llegado todo. Por lo tanto está sujeta a las mismas oleadas musicales, artísticas e indumentariales que el resto de las islas. A Tenerife llegó lo mismo que a Lanzarote o El Hierro. Cierto es que cada isla tiene sus peculiaridades. Por eso, el repertorio común de los grupos es muy cortito. Hay, no obstante, constancia de géneros que habiendo desaparecido aquí existen aún en otras islas.
No debemos caer en chauvinismos caducos, porque, de seguir así, "El tango de la Florida" habría que bailarlo solo allí. No coincide lo que conocemos ahora, con lo que se tocaba y bailaba hace 150 años. La mayor parte de los géneros, música y danza son  comunes a todas las islas. Aunque existe una serie de temas propios de cada isla y que son muy respetables. Y para poder interpretarlos hay que hacerlo con sumo cuidado y respeto.
Seguidillas, malagueñas, isas, sorondongo... existieron –y existen– en todas las islas, porque fueron producto de sucesivas oleadas perfectamente documentadas. No debemos, ni en esto ni en otros casos, mirarnos continuamente el ombligo, creyendo que lo de nuestra isla, nuestro pueblo, nuestro barrio, nuestra calle o el patio de nuestra casa es lo mejor y lo único. Formamos parte de toda una corriente cultural muy importante. Y en la diversidad  está la tradición.
Debemos diferenciar entre música tradicional y folclore. La música tradicional es aquello que nuestros antepasados bailaban y tocaban, y que la utilizaban como un medio de expresión. Cuando esto se ha reconvertido para subirlo a un escenario, para darlo a conocer, ha pasado a ser folclore.
La creatividad existe. En música, como en cualquier otra faceta del arte, cada cual siempre pone algo de su propia cosecha. El estancamiento no existe. Que sea bueno o malo depende de la filosofía de cada cual. Pero existe, eso es indudable.
La alteración vale porque existe; no podemos tacharla, ignorarla. Lo que ocurre es que hay que hacerla bien. Si se crea, o se recrea, algo, decir siempre de dónde procede y a qué se ha acudido para hacerlo.
(Continuará)