16/10/2026

Sacrificios (1)

Podrán comprobar que la anterior publicación en este blog está fechada el 12 de septiembre. ¿Y qué ocurrió desde entonces para esta prolongada desaparición? Pues que la vida de un jubilado tiene, asimismo, sus momentos críticos y requiere una desconexión preventiva. Por ello, el 13 del mes pasado subimos (mi mujer, el coche y un servidor: por orden de importancia) al Marie Curie, de Fred Olsen-Balearia, en el muelle del Bufadero, y a eso de las veintiuna horas (las veintidós por el horario que rige a bordo) zarpamos con destino a Huelva, donde desembarcamos a las nueve y pocos minutos del día 15, tras una placentera travesía –el mar estaba asquerosamente bueno– y tratados a cuerpo de rey en camarote doble y en régimen de pensión completa. Sin miserias, que el tiempo de las restricciones llegará el día de San Andrés. Era menester que el aire del océano pusiera freno a tanto estrés. Añadan reconfortantes recorridos por tierras andaluzas, marginaciones conscientes de nuevas tecnologías y una vuelta a la tranquilidad de la naturaleza. A mi manera, sin corsés ni guías. A mi bola, que se dice.

En el ínterin, el mundo siguió girando. La polarización política persistió en su tránsito por intrincados vericuetos. Una extrema derecha (no existe moderación en este sector del espectro), alineada con el todopoderoso capital, sigue escalando peldaños en su alocada carrera. Con la aquiescencia de quienes no quieren atisbar peligros en derechos consolidados, recurre sistemáticamente al insulto, cuando no al comentario soez y chabacano. Como si la señora madre de Pedro Sánchez no gozara de idéntica presunción de honorabilidad que la que puede disfrutar la tuya y la mía. Como la de Alberto o Santiago. Como la de Manolo o Adolfo. Y hasta el infinito. Porque una madre es lo más sagrado.

Un respetito es muy bonito, mamamos desde años ha. Ahora, cambiadas las tornas, esa política barriobajera ha sobrepasado límites y barreras que hasta no ha tanto eran infranqueables. Se ha implantado la peligrosa dinámica de tasca de tres al cuarto. Se han traspasado todas las líneas rojas. Y azules. Donde esa libertad de opinión, que tan en solfa ponen los vilipendiadores –el mundo al revés– consolida bulos como verdades de nuevo cuño. Y más culpables que los autores materiales son aquellos que ríen, propagan y multiplican como si se tratase de simples gracietas en contexto distendido. ¿Las hipocresías y apariencias de los usos y costumbres sociales por mor de conveniencias, que se retrataran en La hoguera de la vanidades (Tom Wolfe)? Ojalá, pero las mermas en la inteligencia natural, y los excesos en la artificial, pintan un muy negro panorama.

Me hallaba por la Sierra de Andújar (Jaén), tras una tarde-noche tormentosa, cuando el presidente del Gobierno decidió disolver las Cortes y convocar elecciones generales. Y uno, que tiene la manía de tomarse un cortado, con algo de condumio, a las once de la mañana (las diez de Canarias en estos tránsitos peninsulares), paraba el fotingo en cualquier bar de carretera y… lo que hay que oír. Se perdió la urbanidad. Los buenos modales han pasado a formar parte de las tongas de basura que se acumulan en las cunetas. Pero, claro, miraba el suelo del concurrido establecimiento y al comprobar cómo infinidad de servilletas constituía la alfombra cotidiana de los suelos, pensaba en cuánta palmera orgullosa bajó a barrer.

Cómo es posible que aquellos consejos de gentes de derechas de mi pueblo (tenías que haber seguido, me decían en 1987, es decir, el otro día) parezcan en la actualidad hechos del Paleolítico. Confundimos la gimnasia con la magnesia y la sana discrepancia política se erige en campo de batalla donde la injuria, la calumnia y la difamación son las armas arrojadizas. Y en las dianas, los familiares más directos, Cuánta pena. Qué mimbres. Un nivel a ras de suelo (el de las servilletas).

Nadan placenteramente en tan fangosas aguas aquellos que se dicen líderes de formaciones políticas con aspiraciones de gobierno. Los que ya nos piden sacrificios desde mucho antes que le concedamos el beneficio de la duda en forma de voto. Los que ponen en duda si nos merecemos los que nos pagan a fin de mes. A los que jamás escucharás cuestionar si el sistema no colapsa con los estipendios (recursos públicos de nuestros impuestos) que se mueven en torno a los millares de instituciones y organismos que pululan por esta España, donde liberados, asesores y cargos de confianza forman una tupida red.

El último domingo de este mes –como venimos haciendo desde 1974– debemos retrasar una hora nuestro reloj. Y te pregunto a ti, jubilado, que recibes, como yo, religiosamente tu pensión cada mes, si después de tantos logros conseguidos para que tu paga no solo esté segura, sino que se actualice en consonancia con la variación del IPC (Índice de Precios al Consumidor), te arriesgarías a volver a situaciones que ya creíamos definitivamente olvidadas. Porque no es que ya te digan que se vayan a congelar; no, es que cuestionan abiertamente el procedimiento y te proponen alternativas en las que la banca lleve la voz cantante. ¿No recuerdas los recortes de Eme punto Rajoy porque había que salvar primero a las entidades bancarias con la promesa de que lo iban  devolver? Ni un céntimo. ¿Vas a seguir aplaudiendo con las orejas?

(continuará)

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