En el ínterin, el mundo siguió girando. La polarización
política persistió en su tránsito por intrincados vericuetos. Una extrema
derecha (no existe moderación en este sector del espectro), alineada con el
todopoderoso capital, sigue escalando peldaños en su alocada carrera. Con la
aquiescencia de quienes no quieren atisbar peligros en derechos consolidados,
recurre sistemáticamente al insulto, cuando no al comentario soez y chabacano.
Como si la señora madre de Pedro Sánchez no gozara de idéntica presunción de
honorabilidad que la que puede disfrutar la tuya y la mía. Como la de Alberto o
Santiago. Como la de Manolo o Adolfo. Y hasta el infinito. Porque una madre es
lo más sagrado.
Un respetito es muy bonito, mamamos desde años ha. Ahora,
cambiadas las tornas, esa política barriobajera ha sobrepasado límites y
barreras que hasta no ha tanto eran infranqueables. Se ha implantado la
peligrosa dinámica de tasca de tres al cuarto. Se han traspasado todas las
líneas rojas. Y azules. Donde esa libertad de opinión, que tan en solfa ponen
los vilipendiadores –el mundo al revés– consolida bulos como verdades de nuevo
cuño. Y más culpables que los autores materiales son aquellos que ríen, propagan
y multiplican como si se tratase de simples gracietas en contexto distendido. ¿Las
hipocresías y apariencias de los usos y costumbres sociales por mor de
conveniencias, que se retrataran en La hoguera de la vanidades (Tom Wolfe)?
Ojalá, pero las mermas en la inteligencia natural, y los excesos en la artificial,
pintan un muy negro panorama.
Me hallaba por la Sierra de Andújar (Jaén), tras una tarde-noche
tormentosa, cuando el presidente del Gobierno decidió disolver las Cortes y
convocar elecciones generales. Y uno, que tiene la manía de tomarse un cortado,
con algo de condumio, a las once de la mañana (las diez de Canarias en estos
tránsitos peninsulares), paraba el fotingo en cualquier bar de carretera y… lo
que hay que oír. Se perdió la urbanidad. Los buenos modales han pasado a formar
parte de las tongas de basura que se acumulan en las cunetas. Pero, claro,
miraba el suelo del concurrido establecimiento y al comprobar cómo infinidad de
servilletas constituía la alfombra cotidiana de los suelos, pensaba en cuánta
palmera orgullosa bajó a barrer.
Cómo es posible que aquellos consejos de gentes de derechas
de mi pueblo (tenías que haber seguido, me decían en 1987, es decir, el otro
día) parezcan en la actualidad hechos del Paleolítico. Confundimos la gimnasia
con la magnesia y la sana discrepancia política se erige en campo de batalla donde
la injuria, la calumnia y la difamación son las armas arrojadizas. Y en las dianas,
los familiares más directos, Cuánta pena. Qué mimbres. Un nivel a ras de suelo
(el de las servilletas).
Nadan placenteramente en tan fangosas aguas aquellos que se
dicen líderes de formaciones políticas con aspiraciones de gobierno. Los que ya
nos piden sacrificios desde mucho antes que le concedamos el beneficio de la
duda en forma de voto. Los que ponen en duda si nos merecemos los que nos pagan
a fin de mes. A los que jamás escucharás cuestionar si el sistema no colapsa
con los estipendios (recursos públicos de nuestros impuestos) que se mueven en
torno a los millares de instituciones y organismos que pululan por esta España,
donde liberados, asesores y cargos de confianza forman una tupida red.
El último domingo de este mes –como venimos haciendo desde
1974– debemos retrasar una hora nuestro reloj. Y te pregunto a ti, jubilado,
que recibes, como yo, religiosamente tu pensión cada mes, si después de tantos
logros conseguidos para que tu paga no solo esté segura, sino que se actualice
en consonancia con la variación del IPC (Índice de Precios al Consumidor), te
arriesgarías a volver a situaciones que ya creíamos definitivamente olvidadas.
Porque no es que ya te digan que se vayan a congelar; no, es que cuestionan
abiertamente el procedimiento y te proponen alternativas en las que la banca
lleve la voz cantante. ¿No recuerdas los recortes de Eme punto Rajoy porque había
que salvar primero a las entidades bancarias con la promesa de que lo iban devolver? Ni un céntimo. ¿Vas a seguir
aplaudiendo con las orejas?
(continuará)

Bienvenido. Muy buen texto. Agudo
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