jueves, 29 de septiembre de 2011

Corte de mangas

Circuló el pasado martes, y aún sigue, por la mayoría de medios de comunicación impresos –salvo en uno que siempre va por ‘independiente’– una estupenda y linda fotografía en la que se puede contemplar a un señor ya muy mayor saliendo –o entrando– de –a– cierto edificio, en el que se dictan sentencias –eso dicen–, en una extrañísima postura –para su edad–, pues lleva sus brazos algo cambados. Es, cómo te lo explicaría yo, bueno, como si uno se le fuera sobre el otro y este último se dispara hacia lo alto, señalando el techo –eso sí, sin el dedo índice o corazón, que tanto monta, extendido completamente, que es lo normal en estos arrebatos– y como queriendo indicar a los reporteros gráficos que sacaran instantáneas de las escocias…
Vaya con don José. Cómo se le pone tiesa todavía (la extremidad superior derecha). Lo aclaro entre paréntesis no sea que me malinterpreten. Chacho, hablando en canario, chiquito “ademán de significado obsceno y despectivo que se hace con la mano, extendiendo el dedo corazón entre el índice y el anular doblados. A la vez se levanta el brazo y se golpea en él con la otra mano”. Menudo corte de mangas le mandó el susodicho (eso sí, en presencia de su abogado) a todos los fotógrafos que “esperaban a José Rodríguez e hicieron miles de fotografías que de nada les van a servir porque José Rodríguez es más viejo que la rasca. Además, ni a él ni a los lectores les importan ya su constante presencia en los juzgados de Santa Cruz” (editorial del día en cuestión).
Personajes siniestros estos de cámara en ristre (los suyos se hallaban de fisgoneo mejicano, porque esto no ha concluido y si se cree ‘ese’ y ‘esa’…), ya que “resulta vergonzoso, incluso diríamos que odioso, el comportamiento de otros medios de comunicación que envían a sus fotógrafos a la salida de un juzgado, como si se tratara de retratar a un delincuente. Ni que esto fuera Nueva York. Lo que cuesta el éxito. Lo que duele el fracaso. Aseguraríamos que don Paulino, tocado gravemente, no es ajeno a la escenificación de ayer. Tiene todo los medios a su alcance”. ¿Lo cogió, señor presidente? Como decía mi madre, que en paz descanse: chiquito guineo.
Los que han tenido la oportunidad de seguir las peripecias de ‘Pepillo y Juanillo’ a lo largo de sus casi setecientas entradas, saben perfectamente que no es el actual presidente del Gobierno de Canarias santo de mi devoción. Por mil razones que ahora no vienen al caso, pero me alegro enormemente de no haber alcanzado la etapa del chocheo, de la majadería y de la de viejo faltón y currito. Y espero, además, que alcanzada esta, alguien de la familia, o Blogger directamente, sea capaz de poner coto ante los posibles desmanes que en este blog se viertan. Debe ser que los docentes estamos fabricados de un material especial. Ese mismo, como circula aún en un correo por Internet, que le permite al gallo, tras alcanzar tremenda meniada en singular pelea, volver a casa con la cabeza alta: vapuleado, hecho un asquito, pero con dignidad. Esa que parece escasear en indeterminados ¿periodistas? Los mismos que, tras su diatriba (im)pertinente, nos deleitan con la cantinela de la falta de libertad de expresión.
Llevo pensando desde que empecé a redactar la primera línea, si ilustro el presente con la fotografía en cuestión o paso olímpicamente del tema. Al final me he decidido por colgarla. Adolece de la suficiente calidad, diría en este instante el que confunde el atún con la velocidad, es decir, adolecer con carecer, pero ilustra bastante. Porque si tenemos los políticos que tenemos, si los mercados (como los tranque, ¿tú los has visto?) siguen haciendo de las suyas, y el etcétera de rigor, para añadirle al esperpento el de una actividad periodística que avergüenza al mortal de tres dedos de frente (otros presumimos de más), aviados vamos. Pero la culpa es de quien es y no le demos más vueltas. Güenos mal que ya me jubilé. Otros tenían que haber seguido idéntico camino desde hace la tira de años. Porque no es de ayer para hoy. ¿Recuerdan esto?:
Como canarios vamos a defendernos / de esta oleada de cigarrones / que nos están llegando a montones / y yo voy a ser el primero. / Compraremos mosquetones / pistolas, fusiles y cañones / y hasta un barco cañonero / con ellos dispararemos / y estos intrusos invasores / que regresen por donde vinieron.
Es del 4 de abril de 2008. No es que siga lloviendo, es que nos meamos sin sentir. Lo dice la copla popular. Y la próstata, como el algodón, no engaña.
Hasta después.