lunes, 11 de febrero de 2013

Reflexiones radiofónicas

Me preguntó ayer domingo un viejo amigo en las lides políticas –el siguió unos años más cuando yo aborté la singladura allá por 1987– que si aún continuaba escribiendo en el periódico. Vaya éxito, pensé para mis adentros, que es lo contrario de pensar en voz alta, como hago aquí en Pepillo y Juanillo. Pretendía que comentara algo de su monumental cabreo por la deriva existente en muchas emisoras municipales de radio. Como hay varios pueblos que cuentan con tal medio de comunicación, no te señalo de dónde me llamaba el susodicho (de no muy lejos, te aclaro), pero puedes ubicarlo en ese lugar en el que ahora mismo estás pensando.
Yo no me partí el culo –textual–, me señalaba con indignación y cabreo no disimulado, para que cualquier machango crea que puede jugar impunemente con mi dinero. A buenas horas mangas verdes, le respondí. Por lo visto no había leído nada de lo que un servidor había tenido a bien plasmar al respecto en este blog. Sí me reconoció, no obstante, que se había asomado a lo que publicaron los medios escritos convencionales años atrás. Menos mal.
Por tal motivo, y con cierta desgana por mi parte, dedico estas primeras líneas del post de hoy lunes –el tristemente famoso lunes de carnaval en el que la moción de censura en SJR aupará al trepa de los doscientos votos–, para recalcar que ni los propios grupos de gobierno saben cuáles son los objetivos que debe cumplir una radio sostenida con fondos públicos, incluidos manuales de estilo. Y como la ignorancia llega a tal extremo, los dirigentes prefieren dejar pasar, porque saben que mientras tengan la sartén por el mango, los seudoperiodistas, apoyados en otros cantamañanas, jamás dispararán sus envenenados dardos contra la mano que les da de comer. Y mientras ello sea así, todo lo demás estará permitido para estos sinvergüenzas de las ondas, piratas hertzianos.
Estos sujetos, que solo se miran al espejo cuando ejercen las otras facetas de sus pluriempleos para ahogarse en la vanidad de un baño de flores, se rasgan las vestiduras en tertulias de tintes escatológicos para tildar de corrupto a cuanto político no sea de su cuerda ni baile al son de la música putrefacta.
Y ya está, querido amigo. Haz como yo: niégate a pagar impuestos. A la par, pincha siempre en el ‘me gusta’ de las múltiples fotografías de tu alcalde, escribe comentarios babosos –perdón, laudatorios– en sus apariciones en las redes sociales… Y como yo me gané mi puesto, aparte de hacer lo que me venga en gana, no me sonrojaré cuando pasado mañana deba dirigir la hoja del puñal hacia otras espaldas. Ahórrate calificativos, no vale la pena. El que nace barrigón…
No sé de qué se extraña la gente con respecto al incremento patrimonial de Rajoy (háganlo extensivo al resto de los dirigentes ubicados en las cúpulas partidarias), quien en cuatro años lo ha hecho en unos 425.000 euros. ¿Quieres que te diga lo que pienso? Hasta poco me parece. Tú, mi estimado lector, de tu sueldo debes pagar alimentos, ropa, calzado, viajes, mantenimiento del hogar y del coche, colegios, cines y espectáculos varios… Hasta los chuches. Y Mariano, verbigracia, absolutamente nada. Viaja gratis. Come gratis. Le compran los trajes. Le hacen los discursos. No paga señora de la limpieza. El combustible de sus múltiples vehículos no le cuesta un euro. Y sigue tú con la lista. Ello significa que puede ahorrar todo lo que ingresa. Todo.
Publican sus declaraciones de renta y patrimonio. Guárdame un lechón. Yo no lo hago para que no te estalles de risa. Si el problema no está ahí, lumbreras. Y el sobre por debajo de la mesa se inventó desde antes de elaborarse el papel. Me juego al menos 50 céntimos –lo siento, pero no hubo suerte en La Primitiva– que es muy difícil encontrar un alcalde (imagínate de ahí para arriba) al que no le hayan hecho alguna vez una propuesta ‘deshonesta? (si quieres pensar en eso, vale). La mayoría no ha pasado por el aro de las presiones (y las tentaciones), pero golfos, lo que se dice golfos, haberlos haylos.
Como mi intuición se guía por las afirmaciones del singular González Pons (callado y oculto hasta hace poco y ahora resucitado), ese personaje que siempre clava lo contrario de lo que manifiesta, y a los hechos no tan pasados me remito, como ha espetado que la contabilidad del PP es única y limpia, no tardaremos en descubrir la turbidez de los números.
Estar tarde es el coso carnavalero en mi pueblo. Creo que junto a Manolo Domínguez va a desfilar su homólogo sanjuanero. Como este año vamos de Viera, el del recién estrenado cargo, en su paso para el domicilio villero, y emulando al ilustre viajero (ños, qué odiosas son las dichosas comparaciones), hará un alto en el camino.
Pon medio ahí, que un día es un día. A la salud de todos ustedes.