martes, 12 de febrero de 2013

Consummatum est

Abdica la reina holandesa. Renuncia el Papa. Pero en España, ni Dios. El rey se agarra a las muletas. Rajoy, a la caja A. Si acaso una moción de censura de vez en cuando. Único método, parece ser, válido para remover a un político del sillón. Instrumento legal, pero en la mayoría de las ocasiones, oportunista y torticero. Como la habida ayer en San Juan de la Rambla. Que acaparó infinidad de titulares en las redes sociales. Fundamentalmente, aunque no de manera exclusiva. No vislumbré demasiadas simpatías hacia la figura del nuevo alcalde. Ni siquiera atisbé proporcionalidad con el número de votos obtenido en 2011. Es más, en la tarde del domingo previo, alguien que en FB se bautizó –en pasado porque el perfil debió ser creado ex profeso– como una tal Leticia Monte, tuvo la infeliz ocurrencia de colgar unos comentarios tan jugosos como vulgares, soeces y chabacanos –tirando a chanchullo puro y duro–, que merecieron por unanimidad una cascada de repulsas como antes jamás había podido contemplar. Pero ya el daño está hecho y cada cual asumirá su responsabilidad en esta astracanada, las aguas deberán volver a su cauce y allá por mayo de 2015 que el pueblo dicte la pertinente sentencia. Y dado que tal como vino se fue la tal (señora, señorita, caballero o vaya usted a saber) Monte, yo también me animé y la remití estas décimas que traslado al blog para general conocimiento:
Una tal Leticia Monte,
al ídem cual cabra fue,
para de allí balar be,
al erigirse en arconte.
Ya se ve en el horizonte
cómo avanza la flotilla,
que trae a la camarilla
dispuesta a borrar la estela
que bien signara Fidela
desde que ocupa la silla.
Estudió la susodicha
allá por Guadalajara,
sin que mucho se enterara
por lo tanto que la espicha.
A la ortografía bicha
en el léxico esgrimido,
y pega cada estampido,
con soez vocabulario,
que leerla es un calvario:
¡Ay, señor, cuánto atrevido!
Y vamos con el acto en sí. Debo felicitar muy efusivamente a Radio Realejos por la excelente retransmisión de la sesión plenaria en la que el popular Tomás, con el apoyo de Marco Antonio y los suyos (micrófono incluido), accedió a la alcaldía, demostrándole a su pueblo que con doscientos votos bien negociados se puede montar un buen negocio. Insisto, la crónica periodística que tuve que escuchar mientras arreglaba la lavadora –la manguera que expulsa el agua se jeringó–, porque uno ya no dispone de asesores ni técnicos y debe ingeniárselas con la pensión, es digna de enmarcar –debe estar grabada– para llevarla a cualquier facultad de Ciencias de la Información y ser debatida en profundidad como paradigma del bien hacer. Felicidades, Manolo, lo has conseguido.
Y no hacen falta muchos medios (instrumentos, me refiero). Basta con ubicarse en el balcón y echar un ojo pa´fuera y el otro pa´dentro. En unos días ocuparemos posición mucho más privilegiada. Que todo está atado y bien atado, como en los viejos tiempos. Porque la malvada Fidela solo dejó entrar al salón noble a una persona por cada medio. Y en nuestro particular caso se merecían como mínimo dos. Te comento un fisquito por si estabas en otros menesteres y no tuviste la oportunidad de sintonizar cualquiera de las dos emisoras, únicas del todo el espectro radiofónico mundial, que lo emitían en riguroso directo.
Ante la genialidad de la que todavía era alcaldesa, recitando unos versos del gomero Pedro García Cabrera (Un día habrá una isla que no sea silencio amordazado), se pudo escuchar –ya sabes que los seudoperiodistas famosos se besan y se abrazan a sí mismos mismamente–: “Ahí está esa resoplando por la herida; que se produzca el cambio ya”. Primer ingrediente de objetividad, neutralidad, imparcialidad, veracidad… “Estoy hasta nervioso”, le respondía el interlocutor a través del receptor de La Corona. “Estoy aquí porque no quiero provocar a nadie. ¡Ah!, ahí me saluda tu gran amigo”. “Ahora está diciendo que el pacto por SJR lo ha roto don Tomás. Vaya descubrimiento”. Risas. “¿Pero tú me confirmas que la seguridad está garantizada, porque no se sabe qué va a votar cada uno?”. “No te preocupes, he estado con cada uno de ellos y sé lo que van a votar. Conozco la situación y sabes que les hemos echado una manita”.
Inciso para dar a conocer el intríngulis, el meollo de la cuestión, el nudo gordiano: Va a haber un almuerzo después, aunque se han venido reuniendo todos los días. Habrá dos concejales que no van a cobrar y trabajarán como auténticos posesos. Y dan las gracias a dos medios (de información) serios a cambio de ninguna prebenda. No obstante me han dicho que gran parte de culpa de todo esto la tengo yo. Manuel Reyes está de acuerdo. Se detalla la distribución pormenorizada de las áreas.
“Estamos hablando de una moción de investidura tras una moción de censura”. “Espera, espera, estoy viendo que le está dando el bastón”. Carcajadas.
“Juro por mi conciencia y honor…”. “¡Ay!, se me olvidó”. Las 12.49, se levanta la sesión.
“Están saliendo ya”. “Cuidado, me imagino que la policía estará pendiente”. “Yo esperaba muchos más, serán unos 40 o 50”.
Fin del relato. Las fotos atestiguan todo lo redactado, incluido el número de los que estaban en la calle. De las presencias políticas, no comment. Pero manténganlas en la retina. Lo mismo dentro de bien poco Paulino y José Miguel, o a la viceversa, se las restriegan por los bezos.
Mis parabienes más cordiales a la corporación realejera. ¿Por qué? Queda claro, ¿no?
Y mis excusas a Narciso y Aarón por ‘robarles’ las fotos que ilustran la presente nota necrológica.