miércoles, 24 de marzo de 2010

Aclaración


Después de dos entradas de prueba en agosto de 2009, fue el 2 de octubre siguiente cuando en realidad arrancó ‘más en serio’ esta aventura. Lo pueden ustedes comprobar, si les place, ahí al lado donde pone “archivo del blog”. A partir de esa fecha he intentado asomarme diariamente a esta cosa de la Internet para dar a conocer mis pareceres, mis opiniones, de aquellos temas que yo entiendo de actualidad y que puedan suscitar algún tipo de interés. Estoy plenamente convencido de que en la inmensa mayoría de las ocasiones no lo consigo. Pero persevero.
Ocurre que siguiendo la máxima de ‘para gustos se hicieron colores’, uno de los pocos lectores, pero fiel, me ha sugerido la posibilidad de incluir en este foro otros comentarios ajenos que pudieran servir de apoyo. La inmediata respuesta fue, obviamente, negativa. Yo  no entiendo un blog de esa manera. No obstante, creo que cada cual es libre de hacer lo que estime más oportuno y conveniente. Faltaría más. Precisamente por esa razón manifestaba lo de los gustos.
Después de haber colaborado durante bastantes años en la prensa local (El Día, La Opinión y Diario de Avisos), después de haber sufrido retrasos y olvidos, después de mil quejas por pérdidas y repeticiones, después de múltiples llamadas telefónicas que nunca servían para nada, uno se embarca en otro proyecto y se lanza a la aventura, pero con una única condición: navegación solitaria. No quiero sostenes, velas ni remeros. Bogaré cual ermitaño por esos mares p´afuera. Por fin tengo una nave para mí solo. Cuando me hunda, no caerá sobre mi conciencia cargo alguno. Me ahogaré para siempre o seré náufrago en una isla desierta. Y como decía Pedro García Cabrera: “Que me entierren en ella, donde mi libertad dé sus rumores a todos los que pisen sus orillas”. Porque “horizontes y manos de esperanza” estarán conmigo.
Siento no haberle hecho caso a mi yerno mucho antes. Pero uno siempre se mostró temeroso por considerarse analfabeto informático. Menos mal que nos queda el recurso del padre cuando te dijo lo de “burro cargado, busca camino”. Y así, entre nosotros, lo de burro lo entendí mucho mejor. Y aquí sigo, aquí continúo. Me ha servido el entretenimiento para ejercitar el magín que llevaba anquilosado una purriada de tiempo por obra y gracia de doña Milagros Luis Brito, portuense ella y con vehículo oficial a la puerta de su casa. Ahora presumo de tener a mi disposición una columna diaria. Me olvidé del teléfono y de los directores de los periódicos. Procuro, eso sí, seguir las normas de cortesía que la profesión periodística establece. Y remito aviso previo, para que no los cojan de sorpresa, a los ‘buenos amigos’ cuando en alguna entrada les mando ‘un cariñoso saludo’.
Con ironía en las más de las ocasiones, con socarronería en otras tantas, pero con el debido respeto y la educación pertinentes, se puede calar hondo en el sentir de los cuatro o cinco incondicionales. Lo demás vendrá por añadidura. Aquí funciona, asimismo, el boca a boca. Puede que dentro de bien poco, cuando cada alumno tenga ante sí el ordenador prometido, lo mismo me ponen de lectura obligada. Hago todo lo posible y procuro mejorar cada día. Cuento ya con la inestimable colaboración de Ediciones Idea, a cuya responsable doy la lata cada dos por tres, es decir, cada seis (¿minutos, horas, días?).
Amigos, concluyo: Pepillo y Juanillo llevan conmigo casi toda mi existencia. Los aprecio tanto que ya me confundo con ambos. Porque la picardía del uno y la ingenuidad del otro me valen de contrapunto. Los caracteres complementarios de los chiquillos me hace subir enteros por empatía. Y, como diría el político, ello me lleva a implementar todo el material necesario para la mejora de este servicio informático. Toma ya.
Mañana más, que diría el buen amigo Ángel, cuyo blog de ‘Chorradas’ te invito a visitar.